domingo, 2 de noviembre de 2014

EL DON (2)

A raíz de la lectura de esta novela han vuelto a mi mente ciertas preguntas que me he planteado,  de un modo u otro, a lo largo de toda mi vida profesional. Como obligado lector de muchísimas obras de calidad muy variable (¡qué horribles engendros he tenido que echarme a veces a la espalda!), han surgido ante mí algunos autores que suscitaban dudas. Desde la lectura de La madre, de Maxim Gorki, no se me había presentado un autor comunista, bolchevique en aquel caso, defensor convencido de un sistema político basado en la represión, el crimen, los campos de trabajo, la "reeducación", la destrucción del disidente. Que el régimen soviético, el cubano o el chino -por citar solo unos pocos a vuelapluma- fueron o siguen siendo dictatoriales parece fuera de toda duda. Que, asimismo, hubo intelectuales que los defendieron parece a primera vista más sorprendente, pues la creación, el arte en general y la literatura en particular son territorios libres donde la individualidad, las opiniones personales, las emociones, son lo más importante... ¿O tal vez no? Parece haber autores para quienes esto no está tan claro, pues buscan la expresión de su personalidad no a través del contenido, sino del estilo, del propio acto de la creación, o Dios sabe de dónde...

En  la historia literaria hallamos muchos ejemplos de toda índole. Como los escritores, al fin y al cabo, son hijos de sus épocas, no siempre han estado comprometidos con causas que podrían considerarse justas. Ha habido autores que defendieron a los nazis y a todo tipo de dictadores, del mismo modo que otros se han comprometido con la causa democrática. En las décadas de los 30 y los 40, por ejemplo, muchos fueron partidarios del camarada Stalin, mientras otros luchaban precisamente contra él. Si vamos más atrás, algunos defendieron a Napoleón, a los reyes absolutos, e incluso defendieron el origen divino del poder de los reyes. Culparlos ahora a todos por no haber sido unos demócratas se nos antojaría un terrible anacronismo, ¿no es así? Aún más: hubo grandes escritores que mantuvieron actitudes personales cuando menos discutibles; hallamos maltratadores, delincuentes, pervertidos sexuales e incluso imbéciles que, sin embargo, parecían tocados por la varita mágica del genio artístico. 

Si en estos casos hemos sabido separar sus vidas, sus rasgos personales o su ideología de su genialidad, por qué no hacerlo ahora con este autor chino defensor de su régimen. Los escritores (y, en general, todos los artistas) que han sostenido ideas o actitudes muy discutibles son, sin embargo, respetados y alabados por sus grandes obras. En los casos de autores comunistas como el que nos ocupa, tal vez seamos hoy más estrictos y duros de lo deseable. La caída de los regímenes políticos socialistas en la Europa del este ha convencido a muchos de la maldad intrínseca de dicha ideología, de ahí que cualquiera que hoy la defienda sea vilipendiado, criticado de inmediato mientras que otras ideas (dictaduras igualmente execrables) reciben un trato mucho más comprensivo. Quizá yo mismo, al exagerar las dudas que mencionaba al principio, me he dejado llevar por esta tendencia al maniqueísmo; he desconfiado de el autor de El don tan solo por el hecho de ser chino. Sí, lo es; pero también estamos ante un gran escritor.  


sábado, 11 de octubre de 2014

EL DON (1)

Tengo entre manos estos días una novela sorprendente: El don, de Mai Jia, un autor chino del que hasta ahora no tenía el menor conocimiento. Como la gran mayoría de los lectores occidentales, debido en gran medida al carácter hermético del propio régimen de aquel país, que se empeña en llamarse -y en que lo llamemos- comunista. 

El mismo hecho de que podamos ahora leer una novela como esta ya se me antoja casi un milagro. Porque no nos encontramos ante un autor disidente o exiliado, sino ante un escritor digamos "del régimen", que ha gozado de gran éxito en su país y que ahora lo disfruta en otras latitudes muy distintas. Hacía mucho tiempo que no leía a un autor socialista; a un autor chino nunca lo he conocido, de ahí que me sorprendan lo exótico de la historia (las diferencias culturales hacen sus estragos), y el propio argumento de la obra: la terrible vida de Rong Jinzhem, que trabaja como criptógrafo para una unidad secreta del gobierno. Recluido en un recinto de ubicación desconocida, dedicará sus esfuerzos a descifrar claves cuya naturaleza verdadera nunca jamás será revelada. esta ocupación tan poco común tendrá unas consecuencias desastrosas en su vida. 

Las mayores preguntas de esta novela (al menos las que a mí me han provocado más inquietud) tienen que ver con su argumento, sí, pero también con cuestiones extraliterarias. En primer lugar, ¡es la historia de un espía en la china de Mao! No alcanzo a entender cómo ha sido publicada en su país una novela de esta naturaleza. ¿Es la demostración de una cierta apertura del régimen comunista? No lo creo. Si examinamos la historia con detenimiento y una mirada limpia, la verdad es que no hay secretos revelados, que el autor no cuenta nada comprometedor. Si hasta el país enemigo de la China de entonces se nombra solamente con una escueta equis... Lo cual, de paso, dota a esta novela de un cierto misterio que contribuye a hacerla aún más atractiva. 

Pero son los otros misterios, los extraliterarios, los que más me asombran. El autor de esta novela extraordinaria no critica abiertamente a su gobierno, no es un disidente de esos que hoy son tan alabados en Occidente. Por no criticar, ni siquiera alza la voz contra la Revolución Cultural maoísta, que llevó a la muerte a cientos de miles de ciudadanos chinos. De hecho, la terrible escena en que el protagonista salva a su hermana durante un juicio público ("sesión de lucha contra los enemigos del pueblo") está narrada con una frialdad, una especie de naturalismo que no puede dejar de sorprendernos. Ni un solo reproche, ni una leve crítica a los ejecutores, los fanáticos verdugos de la Guardia Roja. En cualquier caso, la prisionera finalmente es liberada por orden directa del propio Mao, que aparece aquí como salvador. 

No, no parece haber críticas al gobierno en este libro, ni en las declaraciones que Mai Jia ha hecho sobre su país. Así pues, una pregunta surge inmediatamente: ¿puede un autor ideológicamente comprometido con un régimen autoritario ser un buen escritor? Dicho de otra manera, ¿influye la ideología en la literatura, o mejor, en su calidad? 

jueves, 31 de julio de 2014

FIESTA Y TRADICIÓN

Desde siempre la fiesta ha sido parte inseparable de eso que llamamos, alegremente, tradición; la cual, a su vez, es identificada con la cultura. Así, cualquier fiesta que tenga unos mínimos visos de ser tradicional (entiéndase por eso lo que se quiera) formará parte, de inmediato, del acervo de los pueblos, será alabada, protegida y hasta subvencionada cualesquiera que sean su contenido o su finalidad, y aunque a veces su carácter cultural sea más que dudoso. 

Vivo en una ciudad pequeña y provinciana, donde actos culturales tales como el teatro, las exposiciones o conferencias, suelen estar ausentes durante todo el año. Raro es ver una compañía de mediana calidad en el pequeño -y único- coliseo, y más raros aún son los conciertos, las charlas, las muestras de toda índole, los congresos..., en fin, esos actos que uno siempre consideró como cultura. 

En verano, en cambio, la cosa cambia mucho: en plena canícula la ciudad se transforma, y en un par de días de finales de julio (cuando aprietan más los calores que, en estas latitudes, son asesinos) tiene lugar la FIESTA; así, con mayúsculas, pues es defendida por muchos como tradicional, palabra mágica que la convierte en sagrada, si bien la mayoría ignora su origen y su razón de ser. 

Comienza el festejo con un acto juvenil y dicharachero: hoy todo lo que es joven recibe parabienes... En un descampado que, sin embargo, recibe el pomposo nombre de Recinto Ferial, varios miles de alegres jovenzuelos celebran su festejo, que consiste más o menos en lo siguiente: desde primeras horas de la mañana, los mozos y mozas asaltan sin rubor los supermercados para hacerse con los siguientes ingredientes: refrescos en cantidad, azúcar, limones y, sobre todo, vino preferiblemente blanco. Mezclándolos bien en distintas proporciones y añadiéndoles hielo, mucho hielo, obtrendrán un brebaje que, por estos pagos, recibe los nombres de zurra o limoná; la cual será ingerida, con el consiguiente jolgorio, por los mencionados jóvenes, quienes forman unos grupos más o menos homogéneos llamados peñas

Como puede fácilmente colegirse, muchos son los beneficios psicológicos, culturales e incluso económicos que semejante fiesta produce en nuestra sociedad, lo que ha llevado a un periódico local a titular su artículo de hoy sobre el asunto: "El embrujo de la zurra". Asimismo, son muy de destacar los valores importantes que proporciona a los participantes. En primer lugar, la facilidad para relacionarse o, como se dice ahora, "socializarse". Es sabido que la ingesta de bebidas alcohólicas anima y desinhibe al más taciturno. Los grupos de amigos se unen aún más, los que no lo eran se convierten en camaradas, etc. En segundo lugar, el posible nacimiento de relaciones amorosas. Así, algunos declaran sin ningún rubor: "Borracho se pilla más". En tercer lugar, la liberación de adrenalina: según muchos, la parte sin duda más emocionante de todo el acto consiste en duchar (y, de paso, ser duchado) con vino peleón de Tetra-Brik comprado ad hoc. Vemos, pues que la fiesta ha evolucionado con el paso del tiempo: lo que comenzó como un simple concurso de limonada, ha derivado con el paso de los años en una especie de "tomatina con vino", a tenor de los testimonios de visitantes foráneos sobre nuestro festejo, al que ponderan largamente. 

Así, la cosa termina al final del día con un descampado alfombrado de desechos (hecho ominoso que, sin embargo, es juzgado por los participantes como "inevitable") y con grupos de jóvenes que vagan sin rumbo por la ciudad, tal vez aquejados de una cierta intoxicación, o imbuidos del "embrujo" del que hablaba el rotativo. 

El hecho de que esto sea consentido de modo complaciente por nuestro ayuntamiento, que sea comprendido por la mayoría como "cosas de juventud", dice muy a las claras en qué país vivimos. Porque, mientras todo esto sucede, la única biblioteca de toda la ciudad está semivacía. 


viernes, 13 de junio de 2014

El lenguaje trivial

Algunos -cada vez menos, me temo- estamos contemplando cómo últimamente nuestra lengua castellana es usada con ligereza, de forma irresponsable, y surgen por doquier expresiones triviales, absurdas, sin ningún significado... A veces, incluso, aunque vengan disfrazadas de cultas y trascendentes, son simples bobadas si se analizan con un poco de detenimiento. Entiéndase bien: no son errores gramaticales; no atentan contra ninguna regla lingüística, sino tan solo (¡y ya es demasiado!) contra la inteligencia.  

Veamos algunas a continuación, y podremos hacernos una idea cabal de cómo el pensamiento, el simple razonamiento y la argumentación están siendo maltratados.  

La marca España
Entre las muchas estupideces y trivialidades que se oyen en nuestros días, destaca esta por su frecuencia. Se oye por doquiera, muy a menudo y a todo el mundo, en especial a los periodistas y a los políticos, que relacionan  el término con asuntos económicos, en especial la exportación. 

En realidad, se trata de una sinécdoque, o lo parece: el todo (España) sustituye a las partes (las marcas de productos españoles que, si hemos de creer a los optimistas, se venden muchísimo en el extranjero). Se quiere decir, pues, que el simple hecho de ser procedentes de nuestro país da a algunos productos un marchamo de calidad. ¿Necesito explicar dónde está la estupidez, la simpleza enorme de este aserto? 

domingo, 18 de mayo de 2014

LOS ESCRITORES OCULTOS

Leo  esta semana El guardián entre el centeno, la famosa novela de J. D. Salinger, que fue considerado escritor de culto  durante muchos años, y se hizo muy famoso por vivir al margen, alejado de la prensa y de la vida social en general, hasta el punto de que apenas existían fotos suyas. Desde 1967 hasta 2010, año de su muerte, hizo una vida solitaria en su casa en un pequeño pueblo de New Hampshire, y apenas se sabía nada de su vida. Intentó por todos los medios pasar desapercibido, para lo cual, incluso, demandó al escritor Ian Hamilton, que iba a publicar su biografía. Solo tras su muerte, y a raíz de la aparición de las memorias de su hija, pudieron conocerse algunos detalles de su vida. 

Más extremo todavía es el caso de Thomas Pybchon, del cual no existe fotografía alguna desde hace muchos años; que no concede entrevistas, que ha escogido el aislamiento y ha huido de la fama literaria. Se cuenta, además una curiosa anécdota: cuando se le concedió el premio Pulitzer, envió a recogerlo a un comediante al que había contratado para que lo recogiese en su lugar, lo cual se me antoja una gran ironía. 

¿Por qué estos grandes escritores renuncian a la fama? ¿Qué les hace huir de ella, de los premios y los focos? Llama mucho la atención esta actitud, máxime en nuestros tiempos, cuando la literatura se ha convertido en una especie de estrellato. En efecto: hay muchos escritores que van por la vida haciendo entrevistas, declaraciones varias sobre los temas más diversos, participando en programas de radio o televisión, como si fueran una especie de gurús modernos, muchas veces aferrados al poder o a sus aledaños. Por eso, resultan estimulantes los ejemplos de Salinger o de Pynchon, que solo han dejado sus obras al mundo. 

sábado, 17 de mayo de 2014

La tentación del engaño (3)

Nuestros políticos actuales se parecen muy poco a Castelar: no poseen el don de la oratoria ni, algunas veces, el de la educación. Las sesiones parlamentarias se han convertido en un constante intercambio de reproches, donde el único argumento es el ya consabido "Y tú más". Sin embargo en estos días alguno de ellos se están superando. Así, por ejemplo, al ser interpelada sobre ciertos sobresueldos cobrados, según se dice, de su partido, nuestra Vicepresidenta repuso lo siguiente: "Jamás he cobrado ni un puto sobre." Estarán conmigo en que es contundente. 

Cuando los argumentos, los razonamientos y el diálogo son sustituidos por la imprecación, el insulto y frases del estilo de la mencionada, se acabó la política, que es sustituida por la pelea de gallos.

Es imposible conocer la verdad de muchas cosas de las que hoy ocurren, pues la prensa está en manos de grupos empresariales vinculados a partidos o grupos políticos cuyas ideas se ven plasmadas en las informaciones. Lo malo no es que estos medios estén mintiendo: no lo hacen realmente, sino que nos ofrecen aquellos aspectos de un hecho determinado que favorecen más al grupo o partido de que se trate en cada momento. Ante el mismo acontecimiento, el partido opuesto contará las cosas insistiendo en lo contrario. La conclusión que sacamos los espectadores (o lectores de periódicos) es que ninguno de ellos nos está diciendo la verdad. Como tal cosa, por supuesto, es imposible, ¿debemos resignarnos a la ignorancia y el engaño? Parece que sí: nadie está dispuesto a cambiar el estado de las cosas. 

Vivimos tiempos duros, mucho más en realidad de lo que estamos dispuestos a reconocer. Debido a una especie de "inconsciencia hedonista" en la uqe nos estamos empecinando cada vez más, creemos vivir en un régimen de libertades, en una democracia que, sin embargo, es solo un remedo, una torpe imagen distorsionada. Aunque es cierto que España es una democracia sobre el papel, la verdad es que hoy se están produciendo una serie de hechos  -algunos de ellos imperceptibles para la mayoría- que la van menoscabando, que van impidiendo que esa libertad se desarrolle plenamente. 

viernes, 2 de mayo de 2014

LA TENTACIÓN DEL ENGAÑO (2)

6. El insulto convertido en arma política se ha convertido en algo frecuente. Leo con estupor que un famoso columnista llama Tontos Solemnes a unos políticos por el mero hecho de ser de izquierdas. La mal llamada izquierda española ha cometido errores, quién lo duda. Tal vez uno no pequeño haya sido, precisamente, el de haber dejado de ser izquierda, pero no por ello merecen ser insultados quienes se consideren izquierdistas. 

7. Vivimos en el reino de la intolerancia, donde se usan dos mecanismos principales para oponerse al contrario: el primero es acusarlo de los mismos errores de los cuales él nos acusa a nosotros. "Y tú más" se ha convertido en la consigna que se utiliza siempre. De este modo, lo único que se logra es acabar con la argumentación, es decir, con cualquier posibilidad de diálogo o acuerdo. 

8. El otro mecanismo que se utiliza hoy con frecuencia inusitada, y que tiene la misma consecuencia, consiste en atribuir a nuestros oponentes caracteres o rasgos considerados negativos por la mayoría, poco deseables o incluso perniciosos. Si alguien, por ejemplo, se llama a sí mismo progresista, se dice de él que es de extrema izquierda, o de extrema derecha si se declara, en cambio, conservador. De este modo tan fácil, queda automáticamente descalificado, con lo que se eliminan de raíz todas las posibilidades de llevar a cabo un diálogo o debate. 

9. Lo cierto es que la crisis se ha producido, entre otras razones, por la exacerbación del capitalismo, que está siendo llevado a su mayor extremo. El mercado, que antaño era solo un rasgo más, una característica que, junto a otras muchas, definía este sistema político-social, se ha convertido como por encanto en la Gran Divinidad que todo lo justifica. 

10. Nunca he sido amigo de las teorías que hablan de conspiraciones de grupos ocultos que manejan el mundo desde la sombra o crean las crisis de la nada. Es verdad: no puede asegurarse que todo obedezca a un plan preconcebido. Sin embargo, parece que algunos se están beneficiando de lo que ocurre. ¿Casualidad? 

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Vivimos instalados en la comodidad. No es muy verosímil que, tal como están las cosas, impere el silencio de este modo. ¿Por qué la mayoría se limita a votar cada cuatro años? ¿Por qué callamos el resto del tiempo? 



La verdad moderna

He dedicado mi vida al estudio de la literatura, que ha sido mi objetivo, mi finalidad, pero también el gran triunfo de mi existencia, porq...