Algunos -cada vez menos, me temo- estamos contemplando cómo últimamente nuestra lengua castellana es usada con ligereza, de forma irresponsable, y surgen por doquier expresiones triviales, absurdas, sin ningún significado... A veces, incluso, aunque vengan disfrazadas de cultas y trascendentes, son simples bobadas si se analizan con un poco de detenimiento. Entiéndase bien: no son errores gramaticales; no atentan contra ninguna regla lingüística, sino tan solo (¡y ya es demasiado!) contra la inteligencia.
Veamos algunas a continuación, y podremos hacernos una idea cabal de cómo el pensamiento, el simple razonamiento y la argumentación están siendo maltratados.
La marca España
Entre las muchas estupideces y trivialidades que se oyen en nuestros días, destaca esta por su frecuencia. Se oye por doquiera, muy a menudo y a todo el mundo, en especial a los periodistas y a los políticos, que relacionan el término con asuntos económicos, en especial la exportación.
En realidad, se trata de una sinécdoque, o lo parece: el todo (España) sustituye a las partes (las marcas de productos españoles que, si hemos de creer a los optimistas, se venden muchísimo en el extranjero). Se quiere decir, pues, que el simple hecho de ser procedentes de nuestro país da a algunos productos un marchamo de calidad. ¿Necesito explicar dónde está la estupidez, la simpleza enorme de este aserto?
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