miércoles, 24 de diciembre de 2014

LA NAVIDAD

Lo siento por aquellos que no compartan mi escepticismo. Si es así, les invito, les ruego casi, que dejen de leer en este momento y se abstengan de continuar esta lectura fastidiosa. Sí, lo será para muchos el hecho ominoso de que publique esta entrada precisamente en un día como hoy, 24 de diciembre, Nochebuena o "noche buena". ¡Qué atrevimiento! Pues el propósito de esta modesta aportación es el siguiente: debo declarar a los cuatro vientos, para quien quiera oírme o leerme, que no me gusta nada -pero nada- la Navidad

Sospecho que hay algunos (muchos más, tal vez, de los que se atreven a confesarlo) para los cuales estos últimos días son desagradables, o al menos molestos... De mí sé decir que, si no fuese por el hecho feliz de las vacaciones escolares, este hartazgo que vivimos no sería soportable. esta hemorragia de buenos deseos y palabras huecas (casi del todo huérfanas de significado). Y mira que lo intento: me aíslo en casa, con mis queridos libros, juego al mahjjong en el ordenador, oigo música, o simplemente doy palizas continuas a la cama o al sofá, mis entrañables amigos. 

Pero, claro es, uno no puede sustraerse al mundo en el que vive porque siempre ha pensado que es un tipo atento a la realidad; lee los periódicos, ya sean tradicionales -en papel- o electrónicos,  a veces le da por escuchar la radio o por ver la caja tonta y... ¡ahí es ello! Surgen por doquiera mensajes de toda laya y condición: es sorprendente que muchos les da, en estas fechas, por manifestarse, por comunicarse, que sin embargo tienen en común que tratan varios temas principales, a saber: 

  • El menú de la cena familiar de esta "noche mágica", 
  • los buenos deseos para el futuro (en este caso, ese año 2015 en el que en realidad no estamos), y, lo que es aún peor, 
  • el recuerdo emocionado para los que no están, y
  • la mención para los menos afortunados, los que tiene que trabajar en esta noche, etc... Recuerdo que, por lo común, se esfumará con la llegada de los Reyes de Oriente. 
A veces se usan variantes de estos temas, pero en definitiva casi todos los citan de un modo u otro. Y los repiten con machacona y contumaz insistencia, como si alguien pudiera imaginar tal vez que son originales, y no repetidos constantemente. 

Queda uno abrumado ante tanta bondad, cielos. Yo, sin embargo, me siento en estos días imbuido del espíritu de Mr Scrooge, el conocido personaje del relato de Charles Dickens, y gruño, gruño todo lo que puedo o me dejan mis amigos, pacientes ellos. Por eso, interpétese esta entrada más como una protesta irracional e ilógica que como una reflexión consciente y seria. 

NOTA FINAL: Todo esta entrada va un poco en broma, pero no del todo. 



lunes, 22 de diciembre de 2014

AULAS VIOLENTAS

Observo con asombro un fenómeno "nuevo" en el ambiente educativo; o quizá no tan nuevo, sino que se ha intensificado en los últimos años, tal como refleja un recuente informe de un sindicato... se trata de un hecho que va dificultando, cada vez más, eso que se ha llamado, con notable pretensión,el proceso de enseñanza-aprendizaje. Me estoy refiriendo al continuo incremento de episodios de violencia en nuestras aulas. 

Entiéndase bien: cuando digo violentos no me refiero, claro está, a violencia física solamente, aunque a veces sí ocurran, en colegios e institutos, episodios vergonzosos de esa especie. Pero siguen siendo, por fortuna, minoritarios. No lo son, en cambio, los continuos desprecios, las faltas de respeto, las desconsideraciones e incluso los insultos de toda índole a los profesores. Con excesiva frecuencia se producen hechos lamentables y terribles,grotescos a veces, en la práctica diaria de nuestra profesión. Todo esto, con ser muy grave, no es sin embargo lo peor del asunto. Lo más llamativo, en mi opinión, es que esto viene ahora no tanto de los niños o adolescentes (de los cuales estos comportamientos podrían ser, si no justificables, más entendibles hasta cierto punto), sino de sus padres

En efecto: están aumentando los graves enfrentamientos entre los padres, que parecen imbuidos de un cierto espíritu "defensor", y los docentes, que además no se sienten respaldados por las leyes. "Espíritu defensor", he dicho... Realmente parece increíble o absurdo, pero esta es la actitud de muchos progenitores: como si los maestros les atacasen continuamente, como si los alumnos se sintieran ofendidos por ellos, muchos padres se presentan en los centros educativos con el fin de avalar los comportamientos (muchas veces indolentes, perezosos e indiferentes hacia el estudio) de sus retoños. Algunas entrevistas, que he presenciado, entre padres y profesores, sobrepasan lo terrible o lo patético. 

¿Por qué se producen? ¿Qué impulsa a estos padres a atacar sin ambages a unos profesionales que tienen como misión educar a sus hijos? Tal vez sería arduo intentar explicar las múltiples razones de este hecho sorprendente. Apuntaré una sola que, sin embargo, está cobrando mayor importancia en nuestros días. Existe una especie de tensión soterrada, una suerte muy extraña de rivalidad o animadversión hacia los profesores que hunde sus raíces en las condiciones laborales -envidiables para muchos- de los docentes, en especial los del sistema público quienes, por su condición de funcionarios, tienen el trabajo garantizado. Esta circunstancia no parecía tener importancia hace algunos años, cuando la bonanza económica permitía que otros trabajadores tuvieran salarios mucho más abultados que los de los maestros. En la época actual, sin embargo, un trabajo fijo es considerado un privilegio intolerable, y una razón muy legítima para atacar sin pudor el trabajo de estos funcionarios...  Así pues, ¡que paguen por ello! -piensan algunos. ¡Que se ganen el sueldo! También, por supuesto, interviene la envidia y una larga tradición, tan española, de criticar a los maestros: ¡Tienen tantas vacaciones!

Queda, pues, establecida, una gran contradicción, pues simultáneamente se está produciendo un fenómeno curioso: se pide a la escuela no solo que enseñe, sino que eduque asimismo en valores tales como la tolerancia,el respeto, y tantos otros, que sin embargo los padres no parecen practicar. Los alumnos, por ende, se ven sometidos al continuo espectáculo de unos padres defensores que, ante cualquier problema darán la cara ante quien sea por sus hijos, lo cual otorgará a sus actitudes el marchamo y la justificación que ellos necesitan. Cualquier cosa que ellos hagan será correcta, por tanto. 

Todo esto impide, en última instancia, que podamos enseñar realmente a los jóvenes pues, por una parte, se nos pide que eduquemos mientras que, a la vez, somos continuamente desacreditados. ¿Cómo hacer nuestro trabajo si continuamente se nos ponen trabas? ¿Cómo podremos educar a nadie si los padres educan, a su vez, en el sentido opuesto? 

sábado, 6 de diciembre de 2014

PROFESORES VERSÁTILES

La verdad es tozuda: nuestras autoridades educativas, siempre atentas, al parecer, a crear ideas nuevas y originales, jamás dejarán de sorprenderme. Entre las nuevas medidas que proponen ahora para mejorar nuestra maltrecha educación, ha surgido hace poco un nuevo hallazgo que consiste en lo siguiente: los profesores de secundaria podrán impartir, si fuese necesario, materias ajenas a su especialidad. De esta manera, un filósofo, por ejemplo, será capaz de enseñar a sus alumnos cómo se crea una empresa nueva (Iniciativa Emprendedora, se llama el engendro, ahí es nada). 

Entiéndase bien: hasta ahora ya existía esta posibilidad de enseñar otras  materias que no fueran la propia, sino otras mal llamadas asignaturas afines. La novedad actual estriba, sin embargo, en que tales materias podrán ser, en ocasiones, muy diferentes a aquellas que el docente haya estudiado. ¿Se garantiza así la calidad y "excelencia" que dicen defender? Parecen querer convencernos de algo difícil de aceptar, cuando menos: que un profesor podrá enseñar prácticamente cualquier cosa, aunque no sea especialista ni sepa de ella. A primera vista, un matemático, pongamos por caso, enseñará matemáticas mejor que un ingeniero; un filólogo de Hispánicas enseñará alemán de forma menos satisfactoria que un especialista en filología alemana..., y así sucesivamente. 

Pues parece que no. Quienes pensamos esto estamos equivocados, nos dejamos llevar por prejuicios antiguos o incluso por corporativismos mal entendidos. O tal vez solo por la ignorancia, pues no hemos tenido en cuenta un concepto novedoso (pedagogía moderna pura y dura) que hasta ahora no se había tenido en cuenta. Nos dice la autoridad: los profesores, en adelante, seremos más versátiles; y le dan a este vocablo un sentido positivo que otros, en cambio, no hemos querido ver. Valdremos más, en cierto modo, como profesionales, pues seremos capaces de "hacer más cosas" en nuestro trabajo. Al fin, seremos polivalentes, y no como hasta ahora, que solo podíamos impartir una materia, lo cual, sin duda, era poco eficiente

Qué gran hallazgo, pardiez, de las preclaras mentes que dirigen nuestros asuntos educativos... Qué tiempos tan felices se avecinan ahora con profesores cambiables, transformables, reversibles. Versátiles sí, pero menos... Pues no han aclarado, sin embargo, que de esta manera tan sencilla y fácil se verá reducido el número de docentes. Pero no; no debemos pensar mal: este no es el fin último de esta nueva disposición, ¿verdad que no? 

NOTA LÉXICA: 

Consultando el diccionario, la palabra versátil queda definida como sigue: "Capaz de adaptarse con facilidad y rapidez a diversas funciones".Pero también significa: "De genio o carácter voluble e inconstante". Espero sinceramente que nuestros próceres no se refieran a esta acepción cuando piden de nosotros esa versatilidad. 

La verdad moderna

He dedicado mi vida al estudio de la literatura, que ha sido mi objetivo, mi finalidad, pero también el gran triunfo de mi existencia, porq...