Lo siento por aquellos que no compartan mi escepticismo. Si es así, les invito, les ruego casi, que dejen de leer en este momento y se abstengan de continuar esta lectura fastidiosa. Sí, lo será para muchos el hecho ominoso de que publique esta entrada precisamente en un día como hoy, 24 de diciembre, Nochebuena o "noche buena". ¡Qué atrevimiento! Pues el propósito de esta modesta aportación es el siguiente: debo declarar a los cuatro vientos, para quien quiera oírme o leerme, que no me gusta nada -pero nada- la Navidad.
Sospecho que hay algunos (muchos más, tal vez, de los que se atreven a confesarlo) para los cuales estos últimos días son desagradables, o al menos molestos... De mí sé decir que, si no fuese por el hecho feliz de las vacaciones escolares, este hartazgo que vivimos no sería soportable. esta hemorragia de buenos deseos y palabras huecas (casi del todo huérfanas de significado). Y mira que lo intento: me aíslo en casa, con mis queridos libros, juego al mahjjong en el ordenador, oigo música, o simplemente doy palizas continuas a la cama o al sofá, mis entrañables amigos.
Pero, claro es, uno no puede sustraerse al mundo en el que vive porque siempre ha pensado que es un tipo atento a la realidad; lee los periódicos, ya sean tradicionales -en papel- o electrónicos, a veces le da por escuchar la radio o por ver la caja tonta y... ¡ahí es ello! Surgen por doquiera mensajes de toda laya y condición: es sorprendente que muchos les da, en estas fechas, por manifestarse, por comunicarse, que sin embargo tienen en común que tratan varios temas principales, a saber:
- El menú de la cena familiar de esta "noche mágica",
- los buenos deseos para el futuro (en este caso, ese año 2015 en el que en realidad no estamos), y, lo que es aún peor,
- el recuerdo emocionado para los que no están, y
- la mención para los menos afortunados, los que tiene que trabajar en esta noche, etc... Recuerdo que, por lo común, se esfumará con la llegada de los Reyes de Oriente.
A veces se usan variantes de estos temas, pero en definitiva casi todos los citan de un modo u otro. Y los repiten con machacona y contumaz insistencia, como si alguien pudiera imaginar tal vez que son originales, y no repetidos constantemente.
Queda uno abrumado ante tanta bondad, cielos. Yo, sin embargo, me siento en estos días imbuido del espíritu de Mr Scrooge, el conocido personaje del relato de Charles Dickens, y gruño, gruño todo lo que puedo o me dejan mis amigos, pacientes ellos. Por eso, interpétese esta entrada más como una protesta irracional e ilógica que como una reflexión consciente y seria.
NOTA FINAL: Todo esta entrada va un poco en broma, pero no del todo.
NOTA FINAL: Todo esta entrada va un poco en broma, pero no del todo.