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sábado, 8 de octubre de 2016

Seguimos con los deberes

Leo noticias en la prensa, escucho supuestos debates sobre el asunto, que es tratado nuevamente aunque de modo superficial, incompleto y, por ende, falso. El asunto, como se sabe, es el de los deberes escolares (tareas para otros, tortura para algunos hoy en día). Se sigue hablando, pues, de ellos en estos tiempos nuevos y positivos y al final, seguramente, serán suprimidos en aras, no de una más y mejor educación, sino tan solo para preservar la salud emocional de los niños españoles. Pues este es el fin último de la educación, que nadie se equivoque. No es que aprendan, no, sino que sean felices, evitándoles en lo posible cualquier inconveniente o cualquier problema que deban afrontar. Pues son, en efecto, un problema, ya que las últimas investigaciones pedagógicas, han descubierto algo fundamental, al parecer: que a los niños no les gusta hacer los deberes,cosa que nadie sabía antes. 

Se ha demostrado también (lo han hecho, sin duda, estos nuevos teóricos de la pedagogía) que aprender no es necesario, ni urgente, ya que pude hacerse en cualquier momento a través de Internet. Lo importante, claro, es aprender a aprender, como todo el mundo sabe ya, aunque jamás haya pisado un aula como docente. Los conocimientos son, sin duda, lo menos importante, pues desde hace unos años han sido sustituidos por las competencias. Lo fundamental no es ahora medir lo que se sabe, o lo que se hace, sino aquello que el alumno puede hacer. Que lo realice o no carece de importancia. Así pues, las tareas ya resultan inútiles, una absoluta rémora. 

De este modo tan simple que ahora vemos, llegaremos a una interesante conclusión: de nada vale que los niños hagan nada siempre y cuando estemos seguros de que pueden hacerlo.  ¿Para qué demostrarlo? No es necesario, siempre que la posibilidad este ahí, presente, en sus mentes o en sus almas...  

domingo, 8 de mayo de 2016

Educación o aprendizaje

En estos días,leo un artículo un poco irritante, esa es la verdad, sobre la educación, o más bien sobre el concepto que se ha de tener sobre la misma, y también sobre el papel de los padres en el asunto, más los problemas que esto les acarrea a algunos, al parecer. Y aunque dicho artículo dice muchas verdades, también me provoca algunas preguntas. 

Para ciertos grupos contrarios a las políticas del gobierno, está siendo en estos días muy necesario, incluso imprescindible, criticar la LOMCE, la maldita ley educativa a la cual quien esto escribe también ha criticado, mas por distintos motivos a los que a vece se aducen. Como ya he señalado en entradas anteriores, no es, en realidad, tan distinta a la LOE como a veces se quiere señalar. Cierto es que hay algunos cambios, como el de las mal llamadas reválidas, o la inclusión de materias que antes no existían, la reducción de horas en otras... Asuntos como estos (algunos más graves de lo que podría parecer) no suscitan, sin embargo, comentarios tan prolíficos. También hay variaciones en algunos vocablos, y uno de ellos es objeto principal del artículo en cuestión. Molesta bastante, al parecer, que en la nueva ley se hable de "aprendizaje" y no de "educación" por las fatales consecuencias que esto acarreará a la enseñanza pública. La principal de ellas es que en la ley se insiste, tal vez demasiado, en que los padres son responsables de la educación de sus hijos, mientras que la escuela solo servirá para enseñar, esto es, para el aprendizaje. Es verdad que esto se está produciendo en términos económicos (el Estado garantiza cada vez menos la educación, debido a los recortes); pero es peligroso generalizar, y usar el término solo en el sentido que a algunos les interesa; pues nadie tenía ningún problema cuando este proceso, según la LOGSE y también la LOE, se llamaba "de enseñanza-aprendizaje", mientras que ahora se pide llamarlo educación, reclamando al Estado que la lleve a cabo... mientras se elimina la responsabilidad de los progenitores. Ahora bien: ¿significa esto que los padres no deben educar a sus hijos? ¿Quién podría mantener seriamente tal cosa? Como puede verse, le estamos dando al vocablo sentidos distintos, de lo cual ha nacido la confusión. 

Así pues, algunos protestan ahora porque, al parecer, se pide a los padres que eduquen a sus hijos (¿en qué sentido?), lo que es muy malo. Entonces, ¿es que no deben hacerlo? Y sobre todo: ¿es que esa educación en los hogares es acaso incompatible con la que -sí, también- puede darse en los centros educativos? Se dice, además, en este artículo que todo esto forma parte de una clara tendencia por la cual se exige menos al Estado y más a las familias... ¿Es que acaso no se puede pedir nada a las familias? La cuestión se plantea erróneamente como una lucha o una rivalidad entre ambas instancias, cuando es posible y hasta muy deseable una positiva colaboración. Más aún: la educación en los hogares y en la escuela en realidad se exigen mutuamente, de tal modo que una no es posible sin la otra. 

Lo más asombroso, sin embargo, es el empeño por asociar esta cuestión con otras de índole más práctica o cotidiana. Así, por ejemplo, no consigo comprender qué relación existe entre la educación en valores en los hogares y las llamadas "reválidas" (en realidad, pruebas externas), cuyo mal reside, según se afirma, en generar estrés en los alumnos y en cuestionar la labor de docentes y padres. ¿En qué medida? Si estas pruebas tan solo medirán los conocimientos, ¿cómo afectan a la educación familiar? Y en cuanto al estrés que parecen sufrir los estudiantes, (antes incluso de que tales pruebas se hayan llevado a cabo), me extraña no oír nada al respecto en los muchos países en que estas pruebas finales sí están implantadas desde hace años. ¿Por qué en esos países no se alzan muchas voces en contra de una práctica tan perjudicial, tan discriminadora para estudiantes y padres? ¿Cómo es posible esta ceguera? 

Finalmente, plantear la cuestión en términos de culpabilidad me parece, sencillamente, errar el tiro. No se trata de que los padres sean ahora culpables del fracaso escolar, como tampoco lo son los profesores de forma absoluta. Deberíamos aprender a colaborar, no planteando quiénes son los responsables, sino complementándonos. La labor de los profesores (¡lo hemos dicho tantas veces...!) sería más sencilla si nuestros niños y jóvenes llegaran a la escuela con las "bases" (respeto a los demás, valoración del trabajo y del esfuerzo y otras semejantes) asentadas en las familias, para poder completarlas con otos valores (colaboración, trabajo en equipo, interés por la lectura y el estudio), pero también con el aprendizaje que, no debemos olvidarlo, no es tal vez nuestro objetivo prioritario, pero aún existe: no se olvide que los maestros, al fin y al cabo, también estamos para enseñar

viernes, 27 de noviembre de 2015

Evaluar a los profesores

Por fin, tras muchos dimes y diretes, nuestros padres de la patria (con la inestimable colaboración de la sociedad y, de paso, de un filósofo y pedagogo que, al parecer, va a crear él solo un sistema educativo de alto rendimiento) han encontrado la causa principal de nuestra mala situación educativa. Tras años de debates, de propuestas, de cambios que no eran tales en realidad, han hallado finalmente el talón de Aquiles de nuestra educación: nosotros, los profesores, debemos ser evaluados. Porque ahora han descubierto que en muchos países de la OCDE se evalúa, en efecto, a los docentes mientras que aquí, como es sabido, somos funcionarios: empleados públicos que no trabajamos porque tenemos el puesto asegurado. Uno se pregunta cómo es posible que hoy haya médicos, arquitectos o incluso políticos, todos los cuales están mal preparados porque sus maestros, ya se sabe, no trabajaron. Pero da lo mismo: esta es la impresión de nuestra sociedad, y no ha de ser puesta jamás en duda. 

Todo el mundo opina sobre este asunto: sobre la formación de los maestros, sobre su vocación (el problema, según algunos, es que no la tenemos), sobre lo que hemos de hacer en el aula, puesto que todos en este país nuestro entienden de pedagogía y conocen a la perfección que el secreto de la enseñanza está en motivar a nuestros discentes, si bien nunca explicarán cómo hemos de hacerlo ya que esa tarea nos corresponde a nosotros. Tienen toda la razón: los profesores en España no son evaluados, lo que sin duda provoca que muchos no ejerzamos nuestra tarea como ellos nos aconsejan; que haya, pues, malos profesores, lo que nos ha llevado (y ha sido además la única causa) a la pobre situación en que nos hallamos. Se ha encontrado al fin la causa, la piedra filosofal. 

Pero hay otra ventaja mucho mayor en todo este análisis, sobre la cual, por supuesto, no se ha reflexionado: se utiliza una verdad (sí, me reafirmo: los docentes deben ser evaluados) para no hablar de otras, para ocultarlas a todo el mundo, que es finalmente lo que interesa. En última instancia, hablar de los profesores nos impide tratar otros asuntos importantes, como por ejemplo unas disposiciones legislativas disparatadas (se van eliminando asignaturas, se incorporan otras, se imponen sin crítica alguna criterios pedagógicos no contrastados o incluso refutados ya por otros expertos); unos cambios constantes en los términos -esto es, en las palabras que se usan- pero no en los hechos ni en la realidad; un trabajo fuertemente burocratizado (se nos piden, sobre todo, papeles y más papeles) sin que ello produzca cambios reales...; finalmente, unos presupuestos cada vez más mermados que nos impiden atender muchas necesidades de nuestros estudiantes... De este modo se logra el gran objetivo: asuntos como este y algunos más no se van a debatir, por supuesto, porque no les interesa precisamente a aquellos que podrían y deberían solucionarlos, quienes, además, están contando ahora con una inestimable colaboración: la del señor Marina, sí, pero también la de las familias quienes, cargando la culpa en los profesores, se exculpan a sí mismos de cualquier tipo de responsabilidades. De este modo, se admite sin dudarlo que cualquier aprendizaje no depende en absoluto del ambiente cultural de las familias (tal vez un padre que solo lea el "Marca" provoque, sin embargo, en su hijo la pasión por la lectura), ni del trabajo diario (los deberes deberían ser prohibidos), ni del esfuerzo (agria palabra, desterrada hace mucho de nuestras aulas, pues toda enseñanza debe ser siempre lúdica), ni de su voluntad (pues ya el conductismo nos hizo aprender que cualquier comportamiento puede ser modificado). Como todo el mundo sabe o debe saber, aprender es algo que se lleva a cabo de forma automática, por la simple intervención de un docente evaluado; que se hace de forma casi inconsciente y siempre divertida. 


No poner en la picota ni someter a discusión ninguna de estas verdades establecidas es muy conveniente, incluso muy cómodo, para muchos que hablan hoy. 

sábado, 6 de diciembre de 2014

PROFESORES VERSÁTILES

La verdad es tozuda: nuestras autoridades educativas, siempre atentas, al parecer, a crear ideas nuevas y originales, jamás dejarán de sorprenderme. Entre las nuevas medidas que proponen ahora para mejorar nuestra maltrecha educación, ha surgido hace poco un nuevo hallazgo que consiste en lo siguiente: los profesores de secundaria podrán impartir, si fuese necesario, materias ajenas a su especialidad. De esta manera, un filósofo, por ejemplo, será capaz de enseñar a sus alumnos cómo se crea una empresa nueva (Iniciativa Emprendedora, se llama el engendro, ahí es nada). 

Entiéndase bien: hasta ahora ya existía esta posibilidad de enseñar otras  materias que no fueran la propia, sino otras mal llamadas asignaturas afines. La novedad actual estriba, sin embargo, en que tales materias podrán ser, en ocasiones, muy diferentes a aquellas que el docente haya estudiado. ¿Se garantiza así la calidad y "excelencia" que dicen defender? Parecen querer convencernos de algo difícil de aceptar, cuando menos: que un profesor podrá enseñar prácticamente cualquier cosa, aunque no sea especialista ni sepa de ella. A primera vista, un matemático, pongamos por caso, enseñará matemáticas mejor que un ingeniero; un filólogo de Hispánicas enseñará alemán de forma menos satisfactoria que un especialista en filología alemana..., y así sucesivamente. 

Pues parece que no. Quienes pensamos esto estamos equivocados, nos dejamos llevar por prejuicios antiguos o incluso por corporativismos mal entendidos. O tal vez solo por la ignorancia, pues no hemos tenido en cuenta un concepto novedoso (pedagogía moderna pura y dura) que hasta ahora no se había tenido en cuenta. Nos dice la autoridad: los profesores, en adelante, seremos más versátiles; y le dan a este vocablo un sentido positivo que otros, en cambio, no hemos querido ver. Valdremos más, en cierto modo, como profesionales, pues seremos capaces de "hacer más cosas" en nuestro trabajo. Al fin, seremos polivalentes, y no como hasta ahora, que solo podíamos impartir una materia, lo cual, sin duda, era poco eficiente

Qué gran hallazgo, pardiez, de las preclaras mentes que dirigen nuestros asuntos educativos... Qué tiempos tan felices se avecinan ahora con profesores cambiables, transformables, reversibles. Versátiles sí, pero menos... Pues no han aclarado, sin embargo, que de esta manera tan sencilla y fácil se verá reducido el número de docentes. Pero no; no debemos pensar mal: este no es el fin último de esta nueva disposición, ¿verdad que no? 

NOTA LÉXICA: 

Consultando el diccionario, la palabra versátil queda definida como sigue: "Capaz de adaptarse con facilidad y rapidez a diversas funciones".Pero también significa: "De genio o carácter voluble e inconstante". Espero sinceramente que nuestros próceres no se refieran a esta acepción cuando piden de nosotros esa versatilidad. 

domingo, 30 de marzo de 2014

LOS MEJORES PROFESORES

Suenan en estos días vientos de cambio (uno más) en nuestro ya depauperado sistema educativo. Como tantas otras veces, los responsables de la materia parecen haber        hallado -esta vez sí, afirman; esta es la buena...- la llave maestra de la mejora, de la calidad, de la excelencia. No se trata ya, nos informan, de los contenidos, ni de la escasa motivación de los alumnos; ni siquiera debe tenerse en cuenta el ambiente familiar, tan conflictivo algunas veces, tan poco proclive en ocasiones fomentar en los jóvenes esfuerzos y estudios, o aficiones tales como la lectura, la música culta y otras antiguallas tan poco funcionales.  Las mentes preclaras, las mismas que deciden aumentar las ratios, reducir las dotaciones económicas y echar a los profesores, han dado con la clave, hasta ahora ignorada por tirios y troyanos: van a ser seleccionados los mejores profesores. 

Ya siento estremecerse las trémulas carnes de todos los miembros de la Comunidad Educativa. ¿Cómo es posible, nos preguntamos muchos, que hasta ahora a nadie se la haya ocurrido semejante hallazgo? Pero "nunca es tarde, si la dicha es buena", y sea bienvenida esta idea genial que consiste a grandes rasgos en que ahora serán los Directores de los centros quienes elegirán a algunos profesores, en función de los perfiles más adecuados para el centro en cuestión.  No se ha aclarado, sin embargo, en qué han de consistir los susodichos perfiles, qué se entiende por tales ni cuáles han de ser los más adecuados para un centro en concreto. Sin embargo, nos piden que creamos que este nuevo sistema será mejor, se obtendrán automáticamente mejores resultados. 

Por otro lado, vuelve a echarse en los de siempre la carga terrible de los males educativos. Si ahora se nos dice que van a escoger a los mejores, ¿qué significa esto en realidad? Que hasta ahora, al parecer, se escogía a los peores.  La culpa de todo la tenemos los de siempre. 

sábado, 21 de diciembre de 2013

LA LOMCE PROMULGADA


He aquí que, finalmente, tenemos promulgada y aprobada (¿sin discusiones ni polémicas?), la nueva ley educativa de nuestras entretelas; para unos, la salvación segura del barco a la deriva que es la educación en nuestro solar patrio; para otros, la fuente inagotable de todos los males. Pues bien: me propongo razonar en este breve texto que no es lo uno y tampoco lo otro. 


Sobre todo, y contra lo que se dice en estos días, no es tan nueva ni tan distinta a las que la han precedido. ¿Más de lo mismo, pues? Veamos:  si uno echa un vistazo, aunque sea rápido y somero, a la ley de marras, un detalle curioso llama nuestra atención: en la formulación de sus distintos artículos  aparece repetida esta frase: 


"El artículo tal queda redactado de la siguiente manera"

Y, a continuación, una redacción más o menos amplia del susodicho artículo. Si investigamos un poco y nos dirigimos al número citado en la ley anterior, la LOE, resulta que trata el mismo tema (la evaluación de diagnóstico, pongamos por caso). Así pues, ¿qué conclusión sacamos? La LOMCE no es, en modo alguno, una ley surgida ex novo de las mentes preclaras de los legisladores, sino solo una corrección o modificación de los artículos de la LOE, ley muy ineficaz, por lo que se ve, terrible y horrenda, constantemente denostada por el gobierno actual. A pesar de ello, se han limitado a corregirla, cuando lo esperable habría sido -ya que tanto la critican- que la hubiesen enterrado en un cajón siniestro in secula seculorum. Porque si algo se modifica, como en este caso, tal vez sea porque se entiende que tiene algo bueno, o que no todo en ella es tan malo como se dice. Si no, ¿qué sentido tienen estos cambios que son, en muchos casos, leves retoques?  No se comprende bien que, si realmente era tan mala aquella legislación, se mantengan algunos de sus artículos, sus principios rectores, sus ideas tan perniciosas. Sobre todo se mantiene su filosofía, si así puede llamarse. 



En cuanto a otros aspectos que los docentes -o, al menos, muchos de nosotros- juzgábamos importantes, se mantienen sin cambios en la nueva ley. Así, por ejemplo, para fomentar en el alumno la llamada cultura del esfuerzo, no se han variado en absoluto ni un solo método, ni un solo principio referente a la Primaria, en la que los alumnos van pasando de curso sin problemas, y sin que las medidas correctoras que preveía la propia ley puedan cumplirse: no hay dinero para esos apoyos que se mencionan, ni para contratar más profesores que lleven a cabo esa enseñanza personalizada que se pretende, ni para los desdobles... Por tanto, las carencias de base se irán acumulando, exactamente como ocurre ahora y los alumnos llegarán a Secundaria, incluso a Bachillerato, sin lograr los objetivos que se dicen promover. 




En cuanto a la Secundaria, las medidas de promoción y repeticiones de cursos solo han sufrido una variación muy leve: se concede una importancia algo mayor a las llamadas -pomposamente- materias instrumentales (lengua y matemáticas). El resto permanece como estaba en la LOE, hasta el punto de que el párrafo donde esto se regula es el mismo, ¡el mismo exactamente! Hasta en eso han copiado. 

Así pues, solo se nos presentan dos posibilidades; a saber: o bien el legislador de la nueva ley educativa no juzgaba tan perniciosa la ley anterior, por lo cual no se entienden las opiniones del Gobierno, o bien solo han cambiado algunos aspectos en esta LOMCE neonata por la sencilla razón de que no entienden, no comprenden realmente qué es lo que está fallando en nuestra educación. De esta manera, tampoco las críticas de la oposición están justificadas, porque la LOMCE es, en realidad, una LOE retocada ligeramente. 


domingo, 30 de junio de 2013

Otra revolución educativa (algunas cosillas más): LA CULTURA DEL ESFUERZO

En estos tiempos aciagos y oscuros que nos toca vivir, van surgiendo marbetes, etiquetas magníficas que designan realidades novedosas o brillantes. Nacen todos los días nombres  llamativos, que, al ser nuevos, nos llevan a pensar que también lo son las realidades que  designan. Se trata de un fenómeno semántico curioso, al que podríamos llamar "proliferación de neologismos".

Así ocurre, verbigracia, con la gran etiqueta que encabeza esta entrada: LA CULTURA DEL ESFUERZO. Ha sido creada por el Gobierno actual, con vistas a explicar la reforma que ahora, nuevamente, se propone en los asuntos educativos. Se basa la misma en usar de modo traslaticio (¿tal vez sesgado?) la palabra cultura, que aquí parece significar "pensamiento, mentalidad, forma de actuar". Según los promotores de la etiqueta en cuestión, las ideas imperantes sobre el asunto no parecen dejarnos en muy buen lugar: parten  de la base de que la molicie, la dejadez y la pereza imperan por todas partes, lo cual, dicho sea de paso, puede que sea cierto... Parecen decirnos nuestros padres de la patria que este concepto, esta idea del esfuerzo puede y debe ser cambiada desde arriba, desdre las altas instancias de la ley y del Gobierno. Y esto -déjenme decirlo claramente- es lo que me produce más temor o desconfianza; más miedo, si me apuran. ¿Controlar los pensamientos, las ideas, la forma de conducirse de las personas? ¿Mediante una ley? ¿A qué me suena todo esto? Algunos podrán decir que exagero, y quizá sea verdad. Pero no puedo evitarlo, sobre todo cuando pienso que otros factores más decisivos, aunque más ocultos, han sido obviados. 

Dejen que mencione solo uno de ellos. Suponiendo que la forma de pensar de las gentes pueda variarse sin más a través de una norma (sobre lo cual, insisto, tengo mis dudas...), habría que hacerlo, creo, desde el principio: comenzar la casa por los cimientos, y no por el tejado, como parece querer construirse esta. Si uno analiza la LOMCE con detalle, encuentra algunas sorpresas curiosas: así, por ejemplo, en la educación Primaria debería estar centrado gran parte del cambio, pues si se pretende de verdad transformar la manera de ver las cosas habrá de hacerse pausadamente, con tiempo, variando algunas normas con la esperanza de que, poco a poco, vayan siendo interiorizadas, asumidas por alumnos y, lo que es también muy importante, por las familias. Pues bien: nada de esto pretende la LOMCE. La enseñanza Primaria se queda como está, exactamente como en la LOE, la terrible y maligna ley anterior. Tan solo un cambio se atisba en el horizonte: al final de dicha etapa será establecida una prueba externa ("reválida") sin ninguna consecuencia académica. ¿Qué es esto? Se les hará una prueba, sí, pero no tendrán ningún problema en acceder a la Secundaria sepan o no. Alumnos sin los debidos conocimientos entrarán bonitamente en la siguiente etapa, como ocurre ahora, y entonces, señores, se espera que se produzca la Gran Metamorfosis. Aquí sí se pedirán el esfuerzo y la excelencia de los que tanto se habla. Se cree, pues, que los seis primeros años de educación un niño se esforzará porque sí, porque un hálito extraño de su mente y de su alma le llevará a ello, sin que nada ni nadie lo estimule, mientras que al cumplir los doce años entrará en un camino proceloso de la vida en el cual, automáticamente, sabrá lo que es esforzarse, sudar tinta y empollar para lograr una beca o pasar un examen. Las reválidas aquí adquieren todo su valor, pues le darán el título o se lo negarán, tras haber realizado esa gran tarea. ¿Cómo se ha de verificar semejante cambio? ¿Se espera realmente que, de la noche a la mañana, se opere en los alumnos una metamorfosis de ese calibre? 

No creo que pueda llevarse a cabo, sencillamente. Durante años, nuestros alumnos han vivido en la ley del mínimo esfuerzo; en la idea -asentada firmemente- de que somos nosotros, los profesores, los responsables de sus fracasos. Y no solo los alumnos: algunos familiares se presentan estos días en los centros para rogarnos encarecidamente que aprobemos a sus hijos porque ellos lo valen. ¿Cambiará esta forma de ver las cosas porque haya una reválida? Lo dudo mucho. Pues, además, nuestro Gobierno confunde ahora, tal vez con intención, la exigencia académica con la económica. Y muchos, aunque lo nieguen, lo siguen también en esa confusión. 

No puedo ser -lo siento- optimista en estos días. Me temo que la LOMCE será, como sus predecesoras, un nuevo intento frustrado y hueco. Un quiero y no puedo.

jueves, 13 de junio de 2013

Respeto a los profesores

Veamos: un servidor, que de natural ha sido dócil, bienhumorado y hasta concesdenciente con las debilidades ajenas (animula vagula blandula), está perdiendo últimamente tales virtudes. Lamentándolo mucho, creo que voy camino de convertirme en una especie de viejo cascarrabias, pues oyendo lo que oigo y leyendo las palabras de algunos atrevidos, se me está avinagrando sin remedio el carácter. En mi sentir, la decencia y el sentido común viven horas muy bajas en nuestro tiempo y esto, señores, me enfada y me irrita. 

Viene esto a colación al leer, en esta mañana aciaga, las declaraciones de nuestro Consejero de Educación, don Marcial Marín, respecto al (Des)Programa que, con el melifluo marbete de "Abriendo caminos" (¿hacia dónde?), ha pergeñado la Consejería para unos pocos alumnos de 4º curso de la ESO -en ningún otro, claro-. Consiste dicho plan, como es bien sabido, en impartir clases a aquellos que hayan suspendido tres asignaturas (no HASTA TRES, como se dice erróneamente), siempre que alguna de ellas sea lengua o matemáticas. Mas, si un alumno suspende tres, solo tendrá clases de estas materias, no de otras (Música, Geografía, Tecnología...). Esto es: será preciso suspender tres para que solo te den clases de una o de dos, todo lo cual es muy lógico y de una sensatez apabullante. 

En los últimos días, los Claustros de los centros educativos de Castilla La Mancha han votado mayoritariamente en contra de dicha medida, dando razones de diversa índole: económicas, organizativas y hasta legales. Mas, como dicha votación no favorece las disposiciones de la Consejería, el sr. Marín declara varias cosas que son el motivo de que este humilde docente -con justa ira- se lance a escribir en esta bitácora, pues al contrario que él carezco de un medio donde hacerme oír. 

Quien esto escribe peina ya canas (tempus fugit irreparabile), lo cual, contra lo que se piensa, no es garantía de nada: se puede ser un ignaro, y hasta un imbécil, con la testa coronada por la nieve. Pero, eso sí, uno espera (tal vez ingenuamente) que no lo tomen por idiota, sobre todo tras declarar, con  la elocuencia y la solemnidad tan propias de esta época, el máximo respeto a los profesores. Pues eso ha hecho, en el fondo, nuestro Consejero aunque nunca lo admitiría, acaso porque no se ha dado cuenta. En efecto: tras manifestar ese respeto, ha aclarado que nosotros, los docentes, hemos votado en contra de su magífico programa porque los sindicatos y el malvado PSOE nos han informado mal. Lo que es tanto como decir: la inmensa mayoría que ha votado así no tiene criterio propio, sino que simplemente se deja llevar por las afirmaciones de los políticos. O más aún: no hay ninguna posible objeción más allá de la que estos -los socialistas y los sindicalistas- han mencionado equivocadamente. Cualquier opinión que se oponga de algún modo a sus planteamientos simplemente no existe. ¿Nos está diciendo, en el fondo, que no podemos pensar por nosotros mismos? Así pues, tal vez pàra arreglar dicho desaguisado, ha proclamado a los cuatro vientos que el Programa en cuestión seguirá adelante, pues el voto negativo mayoritario ha sido solamente un error de apreciación. Como puede comprobarse, toda una lección de democracia.

Pues bien: quisiera aclarar una cosa bien sencilla. Algunos, entre los que me hallo, no estamos de acuerdo con la medida susodicha de nuestra consejería, mas tampoco, por más que pueda resultar contradictorio, con los cantos de sirena del PSOE y de los sindicatos. Ambas cosas, increíblemente, son compatibles. 

...Solo para que se sepa. 

sábado, 18 de mayo de 2013

OTRA REVOLUCIÓN EDUCATIVA (Primera parte)

Me levanto esta mañana desapacible de sábado con cierta resaca revolucionaria. En efecto, señores: ayer día 17 de mayo de 2013 pasará a los anales de la historia patria, porque tuvo lugar la (enésima) revolución educativa, un conjunto de cambios legislativos que situarán -no me cabe la menor duda- a nuestro país en el lugar que merece entre las naciones civilizadas de todo el orbe. Se trata de uno de los más importantes cambios en los últimos tiempos, no solo por la enorme cantidad de medidas que se toman, sino también por la importancia capital de las mismas. Son tantas y tan variadas que no tendría espacio para enumerarlas aquí; y tambien carezco, claro es, de la capacidad y hasta de la inteligencia para analizarlas todas. Así pues, me conformaré con explicar algunas, centrándome en especial en las sanas consecuencias que tendrán ciertamente sobre la educación de las generaciones todas, sobre el futuro de España y aun del mundo occidental.

Digamos a vuelapluma: propone la nueva ley, en Preámbulo florido, modificar el concepto caduco y anticuado que hasta ahora se tenía de la educación. Vivíamos muchos en la oscuridad, a juzgar por las palabras que se plasman allí. No se trata de formar ciudadanos cultos, nos informan ahora, sino de crear emprendedores de éxito. Gran hallazgo, pardiez, descubrir que la cultura es cosa inútil e impropia de estos tiempos positivos. Me quedo, pues, sin palabras, y no puedo seguir escribiendo sobre el asunto, sobrecogido como estoy ante la contemplación de la Verdad Sacrosanta. 

Pero hablando de sacrosantas y otras menudencias de capilla y sacristía: la Religión, con la nueva ley, tendrá por fin el lugar que le compete, tras años de oscurantismos, laicismos inútiles, relativismos morales y poca vergüenza. Nuestros discípulos (nunca mejor dicho) serán calificados como deben, en atención a su fe y su devoción, del mismo modo que se hace en matemáticas, o en historia, pues como todo el mundo sabe la piedad es medible y cuantificable. Tan solo una duda me asalta hoy: si recuerdo los momentos en que veo las notas de religión, esos "nueves" y esos "dieces" que reciben alumnos que en otras materias obtienen suspensos ominosos y terribles porque son incapaces de entender un texto pongamos literario, ¿qué paradójica iluminación reciben para entender con tan aguda penetración los textos sagrados? ¿Cómo un alumno incapaz de sumar se torna de pronto en un discente brillante y agudo cuando se trata de penetrar en los misterios teológicos? Supongo que se trata de eso que se llama milagro insondable.

Otros cambios propuestos son sin duda magníficos y novedosos. De todos es sabido, por ejemplo, que los jóvenes alumnos pasaban de curso (promocionaban, se decía, usando un neologismo agudo y brillante) con ¡hasta tres asignaturas!, y solo podían repetir una vez cada curso escolar, lo cual repercutía negativamente en eso que ha dado en llamarse el esfuerzo. Si un chico, por ejemplo, repetía Tercero de E. Secundaria, ese año se dedicaba bonitamente a no hacer nada, en la seguridad de que habría de avanzar, con paso firme, en sus estudios. Léase, sin ambargo, lo que prevé la nueva ley a este respecto: a diferencia de lo que antes sucedía, los alumnos ahora podrán suspender hasta tres asignaturas; podrán asimismo repetir sus cursos (pero solo una vez), lo cual redundará sin duda ninguna en un cambio enorme en su mentalidad. Merced a la buena filosofía de la ley, tales medidas les harán reflexionar, se centrarán en el esfuerzo, el estudio, el trabajo académico para lograr ese futuro de emprendedores exitosos. Como puede verse, es una metamorfosis de tan grueso calibre e importancia tan grande, que nadie es capaz de prever las consecuencias que tendrá en la formación de nuestros jóvenes. Subiremos sin duda muchos puestos hacia arriba en los informes PISA, por más que estos estén elaborados por herejes luteranos. Solo de pensarlo se me abren las carnes y mi alma toda se estremece.

Estas son solo algunas de las medidas. Continuaré, si tengo ganas, un día de estos... 


miércoles, 14 de noviembre de 2012

EL LATÍN Y EL GRIEGO EN LA LOMCE

No doy crédito; mi asombro no tiene límites al oír, leer o escuchar algunas de las cosas que se perpetran en estos días. Una de ellas, tal vez no la menos importante, se refiere al tratamiento que tendrán -si los hados no lo remedian- las lenguas clásicas en esta LOMCE nonata de nuestras entretelas. Por decirlo de modo sencillo y claro: son condenadas prácticamente al ostracismo, cuando no a la desaparición. Exiliadas del Olimpo del saber, por muertas y, parece, por inútiles. Muestran, como siempre nuestros gobernantes una gran coherencia, fruto de la profunda reflexión con que esta ley está concebida. En efecto: dado que,  en la introducción al anteproyecto de la citada ley, se insiste con vehemencia en que el gran objetivo de la misma no es ya fomentar la cultura o los conocimientos, sino hacer de los alumnos buenos trabajadores y aun empresarios (lapsus linguae*: deberá decirse emprendedores), es evidente que dichas lenguas -llamadas muertas por los ignaros**- poco pueden aportar a esta loable causa. 

No, el latín no sirve para crear trabajadores sin derechos, ni empresarios sin escrúpulos. Y el griego mucho menos, claro es, dado el carácter revoltoso y hasta agresivo de los que, en la plaza Sintagma y aledaños, se manifiestan con ira. ¿Se imaginan ustedes a algún empresario -léase a Botín, o al caritativo Amancio Ortega, et cetera- leyendo, en sus ratos de ocio, obras tales como la Ética a Nicómaco, por mencionar una sola? ¿Pueden siquiera concebir la idea de unos políticos que siguieran en todo las leyes democráticas de la polis ateniense? 

La ignorancia es una hidra de muchas cabezas. Por ello, hoy se escuchan opiniones a favor de esta idea de eliminar latines y culturas clásicas, e incluso se publican en foros academias. Mientras tanto, hay países del mundo donde estos asuntos ni siquiera se debaten, ni se hacen preguntas.  ¡Pobres locos! Ellos se limitan a imponer tales lenguas sin reflexión, sin mesas redondas, sin dar al pueblo la opción de opinar. Ya el solo hecho de que andemos discutiendo si esta o aquella asignatura, si es más necesaria la ciencia moderna que la poética, la química orgánica que la sintaxis, muestra bien a las claras qué tipo de pueblo, qué sociedad estamos creando. Si todos los dioses no lo remedian (y nada hace pensar que vayan a lograrlo), caeremos aún más en el abismo de estulticia en el que, irremediablemente, quieren sumergirnos. 

GLOSA FINAL: 
Algunos de los términos que empleo en este breve opúsculo (y que me he permitido subrayar tan solo a manera de azaroso acopio) me serían incomprensibles si no hubiera estudiado latín y griego. 
__________

*Para aquellos que encuentren esta y otras leyendas demasiado oscuras o incomprensibles, les invito a reflexionar, una vez más, sobre la necesidad o no de las lenguas de que se habla aquí.  

**Me llama la atención que gentes de orden y tan buenos creyentes como suelen ser nuestras autoridades actuales, ignoren sin embargo que el latín es, en nuestros días, la lengua oficial de la Ciudad del Vaticano, verbi gratia


La verdad moderna

He dedicado mi vida al estudio de la literatura, que ha sido mi objetivo, mi finalidad, pero también el gran triunfo de mi existencia, porq...