viernes, 1 de mayo de 2015

VÍCTIMAS

Hace unos días se ha producido un hecho sin precedentes en nuestro país: un profesor ha muerto a manos de un alumno. No se puede decir que ha sido asesinado pues, desde el primer momento, el alumno en cuestión ha sido calificado por las más altas instancias como víctima, jamás como agresor, pues se trata de un chico de trece años y en nuestro país un muchacho de esa edad no tiene ninguna (ninguna) responsabilidad. Además, si hablamos de asesinato podríamos incurrir en una terrible y ominosa injusticia: se habla de una causa, de motivos diversos de índole psiquiátrica (un brote psicótico, nada menos, fue establecido desde el primer instante como el motivo principal del hecho), lo cual impide considerar al muchacho como el autor de un delito. "Es un niño", se ha aducido también como causa primordial. Ah, bien, ya nos quedamos todos más tranquilos. Solo es un niño. 

Lo que ahora más me importa señalar no es esto, sin embargo. Lo que ahora me importa, lo que me ha revuelto directamente mis tripas humanas, es constatar el hecho de que el profesor, esto es, el muerto, no ha recibido por parte de "los medios" la atención debida. Apenas se saben su nombre y condición: se llamaba Abel, era interino, e impartía Sociales. ¿Nada más? Pues sí, apenas nada más, como si su muerte hubiera sido un accidente, una cosa de esas que ocurren de vez en cuando fruto del azar o la mala suerte. Como si no lo hubieran matado, como si hubiera fallecido de unas fiebres, de un accidente de tráfico. Un nombre más en la lista de bajas de esta sociedad delirante y enferma. 

Una muerte que, además, no merece homenajes. Aquí se alaba -no faltaba más- a los soldados que defienden no sé qué conceptos del valor y la ¿solidaridad? El ministro del ramo se apresura a repatriar a los pobres turistas que estaban en el Nepal buscando el nirvana de su buena conciencia. También, claro, a esos empresarios que han construido imperios y por supuesto a deportistas, actores, cocineros de la estrella Michelin que van construyendo, por puro altruismo al parecer, eso que se llama "la marca España". 

Pero, ¿un profesor? ¿Qué hace un profesor hoy en día? ¿Para qué sirve? Con esas vacaciones, por Dios, ¿qué es lo que hace realmente...? Cuando es sabido que el aprendizaje lo construye cada uno, y que un profesor es solo un mediador; que los padres pueden afearle la conducta con toda la razón, el trabajo de un docente se convierte en accesorio, secundario, y por eso no merece ni unas líneas siquiera en un periódico. 

La verdad moderna

He dedicado mi vida al estudio de la literatura, que ha sido mi objetivo, mi finalidad, pero también el gran triunfo de mi existencia, porq...