Un profesor mío de la facultad, uno de esos sabios "locos" que ya no abundan, nos dijo, el primer día de clase, más o menos las siguientes palabras:
"Señores, esto es literatura... Y la literatura, sépanlo desde ahora mismo, no sirve para nada." ¡Hala, para que nos fuésemos enterando!
Hoy -¿por qué será?- me ha venido a la memoria aquel discurso tan esclarecedor. Viene esto a colación porque hoy (en plena canícula, tal vez aprovechando los días de asueto de los docentes, los máximos implicados en el asunto) nuestra ínclita y nunca bien ponderada Consejería de Educación publica una orden que modifica las materias de Bachillerato. De hecho, introduce una nueva que es denominada con el pomposo marbete de «Iniciación a la actividad emprendedora y empresarial». Dos sentimientos simultáneos me asaltan al leer la noticia: de una parte, el asombro. Sí, aún conservo una parte de mi antigua inocencia primigenia: continúo pasmado ante lo que oigo, veo y leo algunas veces. ¿Cómo es posible -me pregunto- que se disponga ahora esta nueva asignatura, en pleno verano, apenas a un mes del inicio del curso? ¿Será un nuevo fruto de la improvisación española, tanta veces alabada? Entre las muchas preguntas que me surgen a vuelapluma, una destaca sobre las demás: ¿por qué ahora? ¿Por qué es tan urgente hacer este cambio?
De otra parte, me preocupan las bases, la filosofía última que esconde la promulgación de esta materia. Basta con leer algunos de sus fundamentos -Consejería dixit- para sentir una honda preocupación. Dice el legislador perlas como estas:
- (...) la nueva asignatura debe transmitir “con rigor” el papel del empresario y su importancia en la creación de riqueza y puestos de trabajo dentro de un sistema de mercado.