domingo, 18 de mayo de 2014

LOS ESCRITORES OCULTOS

Leo  esta semana El guardián entre el centeno, la famosa novela de J. D. Salinger, que fue considerado escritor de culto  durante muchos años, y se hizo muy famoso por vivir al margen, alejado de la prensa y de la vida social en general, hasta el punto de que apenas existían fotos suyas. Desde 1967 hasta 2010, año de su muerte, hizo una vida solitaria en su casa en un pequeño pueblo de New Hampshire, y apenas se sabía nada de su vida. Intentó por todos los medios pasar desapercibido, para lo cual, incluso, demandó al escritor Ian Hamilton, que iba a publicar su biografía. Solo tras su muerte, y a raíz de la aparición de las memorias de su hija, pudieron conocerse algunos detalles de su vida. 

Más extremo todavía es el caso de Thomas Pybchon, del cual no existe fotografía alguna desde hace muchos años; que no concede entrevistas, que ha escogido el aislamiento y ha huido de la fama literaria. Se cuenta, además una curiosa anécdota: cuando se le concedió el premio Pulitzer, envió a recogerlo a un comediante al que había contratado para que lo recogiese en su lugar, lo cual se me antoja una gran ironía. 

¿Por qué estos grandes escritores renuncian a la fama? ¿Qué les hace huir de ella, de los premios y los focos? Llama mucho la atención esta actitud, máxime en nuestros tiempos, cuando la literatura se ha convertido en una especie de estrellato. En efecto: hay muchos escritores que van por la vida haciendo entrevistas, declaraciones varias sobre los temas más diversos, participando en programas de radio o televisión, como si fueran una especie de gurús modernos, muchas veces aferrados al poder o a sus aledaños. Por eso, resultan estimulantes los ejemplos de Salinger o de Pynchon, que solo han dejado sus obras al mundo. 

sábado, 17 de mayo de 2014

La tentación del engaño (3)

Nuestros políticos actuales se parecen muy poco a Castelar: no poseen el don de la oratoria ni, algunas veces, el de la educación. Las sesiones parlamentarias se han convertido en un constante intercambio de reproches, donde el único argumento es el ya consabido "Y tú más". Sin embargo en estos días alguno de ellos se están superando. Así, por ejemplo, al ser interpelada sobre ciertos sobresueldos cobrados, según se dice, de su partido, nuestra Vicepresidenta repuso lo siguiente: "Jamás he cobrado ni un puto sobre." Estarán conmigo en que es contundente. 

Cuando los argumentos, los razonamientos y el diálogo son sustituidos por la imprecación, el insulto y frases del estilo de la mencionada, se acabó la política, que es sustituida por la pelea de gallos.

Es imposible conocer la verdad de muchas cosas de las que hoy ocurren, pues la prensa está en manos de grupos empresariales vinculados a partidos o grupos políticos cuyas ideas se ven plasmadas en las informaciones. Lo malo no es que estos medios estén mintiendo: no lo hacen realmente, sino que nos ofrecen aquellos aspectos de un hecho determinado que favorecen más al grupo o partido de que se trate en cada momento. Ante el mismo acontecimiento, el partido opuesto contará las cosas insistiendo en lo contrario. La conclusión que sacamos los espectadores (o lectores de periódicos) es que ninguno de ellos nos está diciendo la verdad. Como tal cosa, por supuesto, es imposible, ¿debemos resignarnos a la ignorancia y el engaño? Parece que sí: nadie está dispuesto a cambiar el estado de las cosas. 

Vivimos tiempos duros, mucho más en realidad de lo que estamos dispuestos a reconocer. Debido a una especie de "inconsciencia hedonista" en la uqe nos estamos empecinando cada vez más, creemos vivir en un régimen de libertades, en una democracia que, sin embargo, es solo un remedo, una torpe imagen distorsionada. Aunque es cierto que España es una democracia sobre el papel, la verdad es que hoy se están produciendo una serie de hechos  -algunos de ellos imperceptibles para la mayoría- que la van menoscabando, que van impidiendo que esa libertad se desarrolle plenamente. 

viernes, 2 de mayo de 2014

LA TENTACIÓN DEL ENGAÑO (2)

6. El insulto convertido en arma política se ha convertido en algo frecuente. Leo con estupor que un famoso columnista llama Tontos Solemnes a unos políticos por el mero hecho de ser de izquierdas. La mal llamada izquierda española ha cometido errores, quién lo duda. Tal vez uno no pequeño haya sido, precisamente, el de haber dejado de ser izquierda, pero no por ello merecen ser insultados quienes se consideren izquierdistas. 

7. Vivimos en el reino de la intolerancia, donde se usan dos mecanismos principales para oponerse al contrario: el primero es acusarlo de los mismos errores de los cuales él nos acusa a nosotros. "Y tú más" se ha convertido en la consigna que se utiliza siempre. De este modo, lo único que se logra es acabar con la argumentación, es decir, con cualquier posibilidad de diálogo o acuerdo. 

8. El otro mecanismo que se utiliza hoy con frecuencia inusitada, y que tiene la misma consecuencia, consiste en atribuir a nuestros oponentes caracteres o rasgos considerados negativos por la mayoría, poco deseables o incluso perniciosos. Si alguien, por ejemplo, se llama a sí mismo progresista, se dice de él que es de extrema izquierda, o de extrema derecha si se declara, en cambio, conservador. De este modo tan fácil, queda automáticamente descalificado, con lo que se eliminan de raíz todas las posibilidades de llevar a cabo un diálogo o debate. 

9. Lo cierto es que la crisis se ha producido, entre otras razones, por la exacerbación del capitalismo, que está siendo llevado a su mayor extremo. El mercado, que antaño era solo un rasgo más, una característica que, junto a otras muchas, definía este sistema político-social, se ha convertido como por encanto en la Gran Divinidad que todo lo justifica. 

10. Nunca he sido amigo de las teorías que hablan de conspiraciones de grupos ocultos que manejan el mundo desde la sombra o crean las crisis de la nada. Es verdad: no puede asegurarse que todo obedezca a un plan preconcebido. Sin embargo, parece que algunos se están beneficiando de lo que ocurre. ¿Casualidad? 

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Vivimos instalados en la comodidad. No es muy verosímil que, tal como están las cosas, impere el silencio de este modo. ¿Por qué la mayoría se limita a votar cada cuatro años? ¿Por qué callamos el resto del tiempo? 



La verdad moderna

He dedicado mi vida al estudio de la literatura, que ha sido mi objetivo, mi finalidad, pero también el gran triunfo de mi existencia, porq...