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sábado, 12 de abril de 2014

Cuentos de Nathaniel Hawthorne

HAWTHORNE, Nathaniel, Wakefield y otros cuentos, Alianza Editorial. 

"Nunca es tarde", etc., dice el adagio popular, y yo debo aplicármelo en este momento. Acaso debería haber descubierto mucho antes a este escritor americano, pero me atengo al refrán popular. Pues, en efecto, estos últimos días ando muy enfrascado en la lectura de un volumen de sus cuentos, el cual, para más escarnio, se hallaba desde hace tiempo entre los volúmenes de mi caótica biblioteca. Tal vez por su tamaño, por su número de páginas ciertamente escaso, no le había concedido la debida atención. 

¡Porque ciertamente la merece! Mucho más si pensamos que los cuentos fantásticos, misteriosos o de terror, se hallan sin duda en un lugar de privilegio entre mis gustos lectores. Si, además, nos presentan, como es el caso, personajes extraños o extravagantes, mundos ya perdidos en la noche de los tiempos -que diría un cursi-, escenas de una época ya periclitada y que no volverá, miel sobre hojuelas. 

Se me dirá, tal vez, que soy un nostálgico, que pretendo evadirme del mundo en el que vivo o de la actualidad. ¡Pues claro!, respondo con vehemencia. Desde los tiempos (ya lejanos, ay) de mi niñez o de esa otra época que ahora se llama preadolescencia [sic], en que pasaba horas muertas sentado en un sofá con un libro en mis manos, he sentido especial predilección por aquellos autores de los tiempos pretéritos, acaso decadentes, en que otro mundo era posible. Desde siempre he notado una especial inclinación por la historia lejana, mejor cuanto más olvidada y oscura. este impulso obedece -no me cabe ya la más mínima duda- a un afán "romántico" de escapismo y huida. 

Así pues, debo admitirlo: no me gusta este mundo en que hemos de vivir, y encuentro nuestra época desagradable, fea y de mal gusto. Entiéndase bien: me gusta informarme sobre ella, conocer sus rasgos y explicar algunas cosas, como ya he intentado hacer en otras entradas de esta bitácora. Sin embargo, cuando llega la hora de leer, de dar rienda suelta al placer inefable de la buena literatura, prefiero lo otro, las obras de tiempos y lugares lejanos, porque para informarme ya tengo los periódicos. 

Si desea el lector sumergirse de lleno en lo inexplicable, incluso en lo absurdo de la existencia humana; si desea penetrar en misterios simbólicos del alma del Hombre, le recomiendo vivamente los cuentos de esta edición. No hallará en ellos las verdades luminosas de la razón o de la ciencia, sino los recovecos insondables y mágicos del espíritu oscuro, atormentado, tan humano. Será entonces, acaso, como ponerse delante de un espejo negro, como el velo que se pone el ministro en uno de los relatos, que simboliza la imagen que tenemos todos de los demás: unos a otros nos vemos, en efecto, a través de ese velo. Los relatos nos muestran, además, los absurdos comportamientos de algunas personas. Así, en el cuento del mismo título, Wakefield decide marcharse de su casa para no volver... en veinte años. ¿Por qué motivo? Ni siquiera él lo sabe: obedece solamente a una intuición, se limita a seguir sus propios impulsos. Lo irracional es la causa de su comportamiento, como en el caso de muchos. Lo racional -parece decirnos Hawthorne- no es la fuente primigenia de la verdad y del conocimiento. 

La verdad moderna

He dedicado mi vida al estudio de la literatura, que ha sido mi objetivo, mi finalidad, pero también el gran triunfo de mi existencia, porq...