Tengo entre manos estos días una novela sorprendente: El don, de Mai Jia, un autor chino del que hasta ahora no tenía el menor conocimiento. Como la gran mayoría de los lectores occidentales, debido en gran medida al carácter hermético del propio régimen de aquel país, que se empeña en llamarse -y en que lo llamemos- comunista.
El mismo hecho de que podamos ahora leer una novela como esta ya se me antoja casi un milagro. Porque no nos encontramos ante un autor disidente o exiliado, sino ante un escritor digamos "del régimen", que ha gozado de gran éxito en su país y que ahora lo disfruta en otras latitudes muy distintas. Hacía mucho tiempo que no leía a un autor socialista; a un autor chino nunca lo he conocido, de ahí que me sorprendan lo exótico de la historia (las diferencias culturales hacen sus estragos), y el propio argumento de la obra: la terrible vida de Rong Jinzhem, que trabaja como criptógrafo para una unidad secreta del gobierno. Recluido en un recinto de ubicación desconocida, dedicará sus esfuerzos a descifrar claves cuya naturaleza verdadera nunca jamás será revelada. esta ocupación tan poco común tendrá unas consecuencias desastrosas en su vida.
Las mayores preguntas de esta novela (al menos las que a mí me han provocado más inquietud) tienen que ver con su argumento, sí, pero también con cuestiones extraliterarias. En primer lugar, ¡es la historia de un espía en la china de Mao! No alcanzo a entender cómo ha sido publicada en su país una novela de esta naturaleza. ¿Es la demostración de una cierta apertura del régimen comunista? No lo creo. Si examinamos la historia con detenimiento y una mirada limpia, la verdad es que no hay secretos revelados, que el autor no cuenta nada comprometedor. Si hasta el país enemigo de la China de entonces se nombra solamente con una escueta equis... Lo cual, de paso, dota a esta novela de un cierto misterio que contribuye a hacerla aún más atractiva.
Pero son los otros misterios, los extraliterarios, los que más me asombran. El autor de esta novela extraordinaria no critica abiertamente a su gobierno, no es un disidente de esos que hoy son tan alabados en Occidente. Por no criticar, ni siquiera alza la voz contra la Revolución Cultural maoísta, que llevó a la muerte a cientos de miles de ciudadanos chinos. De hecho, la terrible escena en que el protagonista salva a su hermana durante un juicio público ("sesión de lucha contra los enemigos del pueblo") está narrada con una frialdad, una especie de naturalismo que no puede dejar de sorprendernos. Ni un solo reproche, ni una leve crítica a los ejecutores, los fanáticos verdugos de la Guardia Roja. En cualquier caso, la prisionera finalmente es liberada por orden directa del propio Mao, que aparece aquí como salvador.
No, no parece haber críticas al gobierno en este libro, ni en las declaraciones que Mai Jia ha hecho sobre su país. Así pues, una pregunta surge inmediatamente: ¿puede un autor ideológicamente comprometido con un régimen autoritario ser un buen escritor? Dicho de otra manera, ¿influye la ideología en la literatura, o mejor, en su calidad?
Las mayores preguntas de esta novela (al menos las que a mí me han provocado más inquietud) tienen que ver con su argumento, sí, pero también con cuestiones extraliterarias. En primer lugar, ¡es la historia de un espía en la china de Mao! No alcanzo a entender cómo ha sido publicada en su país una novela de esta naturaleza. ¿Es la demostración de una cierta apertura del régimen comunista? No lo creo. Si examinamos la historia con detenimiento y una mirada limpia, la verdad es que no hay secretos revelados, que el autor no cuenta nada comprometedor. Si hasta el país enemigo de la China de entonces se nombra solamente con una escueta equis... Lo cual, de paso, dota a esta novela de un cierto misterio que contribuye a hacerla aún más atractiva.
Pero son los otros misterios, los extraliterarios, los que más me asombran. El autor de esta novela extraordinaria no critica abiertamente a su gobierno, no es un disidente de esos que hoy son tan alabados en Occidente. Por no criticar, ni siquiera alza la voz contra la Revolución Cultural maoísta, que llevó a la muerte a cientos de miles de ciudadanos chinos. De hecho, la terrible escena en que el protagonista salva a su hermana durante un juicio público ("sesión de lucha contra los enemigos del pueblo") está narrada con una frialdad, una especie de naturalismo que no puede dejar de sorprendernos. Ni un solo reproche, ni una leve crítica a los ejecutores, los fanáticos verdugos de la Guardia Roja. En cualquier caso, la prisionera finalmente es liberada por orden directa del propio Mao, que aparece aquí como salvador.
No, no parece haber críticas al gobierno en este libro, ni en las declaraciones que Mai Jia ha hecho sobre su país. Así pues, una pregunta surge inmediatamente: ¿puede un autor ideológicamente comprometido con un régimen autoritario ser un buen escritor? Dicho de otra manera, ¿influye la ideología en la literatura, o mejor, en su calidad?

