lunes, 28 de enero de 2013

Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle

Estoy terminando -por fin- la lectura de todas las novelas de Sherlock Holmes. Hace un año o así compré la edición completa de sus novelas y relatos cortos, desde Las aventuras de S. Holmes hasta El último saludo de S. Holmes, donde el bueno de Watson nos cuenta que el gran detective se ha retirado al campo y se dedica "a la filosofía y la agricultura". 

Son novelas de puro entretenimiento, es verdad; no busquemos en ellas especial trascendencia, ni las grandes palabras que tanto abundan en la literatura actual. Pero sí tienen algo bueno: dejando aparte los sesudos razonamientos, a veces increíbles, que llevan al detective a encontrar a los criminales, estas historias me gustan por ese aire a cosa antigua, por la narración de un mundo -la Inglaterra victoriana- que ya no ha de volver; por evocar unas formas y relaciones sociales que ya no existen, y por el relativo distanciamiento, a veces casi frialdad, con que están escritas. A pesar de ello, nos resultan cercanas, amigables, tal vez porque los personajes han  aparecido hasta la saciedad en películas y hasta en series de dibujos animados. Son casi como amigos conocidos desde siempre. 

La amistad de Watson con Holmes nos resulta conmovedora, y también las debilidades que caracterizan al héroe: sus periódicas caídas en la melancolía, su adicción a la cocaína, su misoginia que, sin embargo, no le impide admirar a la inefable Irene Adler (¡quién no se habría enamorado de ella!). 


sábado, 26 de enero de 2013

Viaje al fin de la noche (Lectura con desasosiego).

Cada vez leo menos literatura actual, de esa que sale en las listas de éxitos, y cada vez busco más libros que me revuelvan las tripas, que me hagan moverme incómodo en el asiento. Este que ahora está en mis manos lo consigue con creces. El Viaje al fin de la noche, de L. F. Céline, es una bomba de relojería, una patada en el estómago de los biempensantes, de los políticamente correctos, de los bondadosos que hoy dominan  el cotarro entero de lo que, erróneamente, se llama cultura. 

Por lo pronto, fue escrito por un antisemita, acusado y juzgado in absentia por colaborar con los nazis, declarado "desgracia nacional" en 1950. Esto, que a otros tal vez echaría para atrás, a mí me estimula. ¿Un perfecto canalla puede escribir una gran obra? Por supuesto, y también algunas malas: no hay más que ver la nómina absurda de autores letraheridos que pueblan en estos tiempos los plúteos de las librerías. En este caso, un médico oscuro y triste, al que la Primera Guerra Mundial dejó alguna herida y un pozo de amargura, escribió finalmente este golpe brutal a la complacencia, a la ruindad de la sociedad burguesa. Hoy, por razones obvias, esto me hace esbozar una sonrisa siniestra...

No, no es agradable leerlo, ni divertido, hasta ahí podíamos llegar... No lo estoy leyendo por placer, como dicen ahora que hay que acercarse al hecho literario. Lo dicen Ellos, claro, los que pretenden que leamos para disfrutar, para que nos durmamos en el torpe delirio del hedonismo. Casi sin darme cuenta, descubro ahora que no he leído nunca con ese objetivo. Leo, en realidad, para cerciorarme de que no estoy muerto, para saberme lúcido, pues la perspicacia es la única arma que tenemos hoy, donde se ha declarado guerra a la inteligencia. 

Recomiendo vivamente su lectura a aquellos que no quieran sentirse cómodos, a quienes no suelten lágrimas ni sean románticos. No, no hay ningún romanticismo en la vileza, y Céline nos pone en este libro delante del espejo de nuestra propia abominación. 

Manuscrito deteriorado

No lo parece, ¿verdad? Apenas se atina a vislumbrar la palabra escrita en este pobre papel. ¿Qué es esto? Se me antoja un ejemplo claro y meridiano de cómo están las cosas en la cultura española. Se trata, quién lo diría, del manuscrito original del poema Becqueriano "Volverán las oscuras golondrinas". Así está también la cultura española: casi invisible.

domingo, 13 de enero de 2013

INSTITUTO SAN ISIDRO (Recuerdos del tiempo lejano)

La historia del Instituto san Isidro es dilatada y noble. Aquí puede verse un pequeño resumen:

http://ies.sanisidro.madrid.educa.madrid.org//historia.htm

Y también, en este vídeo de Telemadrid (cuando aún funcionaba).

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=gAce7A4Ppqg

Sala de profesores "pequeña" del Instituto. 
Fue el lugar de mis primeras ansias juveniles, de mi primer contacto serio con la literatura y con los estudios de verdad (¡y cómo teníamos que estudiar!). En aquel claustro pasamos las mejores horas de nuestra adolescencia, y también alguna mala. Bajo aquellos arcos venerables (en la foto de abajo puede verse, al fondo, el acceso antiguo de los jesuitas) soñábamos aún con el futuro...

















También fue el lugar de estudio de algunos personajes conocidos: Calderón, Quevedo, Lope (cuando el edificio era sede del Colegio de los Jesuitas), Mariano José de Larra, Jacinto Benavente, los hermanos Machado y este de abajo (¿os suena?):




¡Si estas mesas hablaran!
Otro lugar venerable del centro fue su biblioteca. 












Iniciada en el siglo XVIII por los jesuitas, pasó después a constituir el fondo inicial de la Facultad de Letras de la Universidad Complutense. Es famoso el hecho de que gran parte de los volúmenes antiguos fueron usados para proteger las trincheras en la batalla de la Ciudad Universitaria de Madrid. Siendo estudiante de Filología, aún alcancé a ver algunos de los ejemplares agujereados por las balas. 


En la biblioteca del Instituto, cuando yo aún pisaba por allí, quedaba aún un fondo testimonial de aquellos venerables libros, entre ellos nada menos que este: 

Edición original de La vida es sueño, de Calderón. 
Don Luis Cañizal, profesor de Literatura, nos hizo ver tales joyas, lo que contribuyó a forjar mi vocación en no poca medida. 

Y, para terminar, mi mejor recuerdo personal: de las dos fotos que siguen, la nuestra es la de COU B, promoción del 85. Sí, ahí estamos todos, algunos de los cuales nos reunimos, veinticinco años después, para compartir recuerdos (para mis conocidos actuales, sabed que soy el segundo por la izquierda; como puede comprobarse, estoy igual..., jejejeje):


IGLESIA DE SAN SALVADOR, MADRID

jueves, 27 de diciembre de 2012

VIRTUDES




 Toda su vida fue una niña buena: obedeció a papá y obedeció a mamá; estudió mucho porque así se prepara uno para el futuro y eso es bueno, por supuesto; siguió en todo las normas de la buena sociedad (no apoyar los codos sobre la mesa al comer, no dejar que el chorrito de sopa resbale de la cuchara al plato cuando ésta se acerca a la boca lozana, no hablar nunca de arte, de toros, de cine húngaro, de política económica, de política social; sí en cambio de vestidos de tarde, de noche, de merienda, de visita, de cóctel); llevó una vida austera y recogida: dos veces al mes peluquería, tres a la semana gimnasia relajante, aeróbic y sauna finlandesa, todas las tardes tertulia femenina con las amigas de su madre; tenis los sábados, polo los jueves, visita a los abuelos muy de vez en cuando, vacaciones en la costa o en las islas; hizo lo que de ella se esperaba: sonreír y ser amable, nunca jamás protestar por el caviar, pasear su palmito y su cuerpo perfecto en tertulias y saraos, en reuniones y fiestas, en lugares donde nunca podría ver nada que no fuesen sonrisas.
            Toda su vida fue una buena chica... hasta que  se fugó con aquel camarero del hotel de Estambul que, según cuentan las crónicas, la hizo muy feliz  y le dio para cenar sólo pan y cebolla.

viernes, 21 de diciembre de 2012

TIEMPOS DE INCURIA Y ATREVIMIENTO (Felicitación navideña)

No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
 

Don Francisco de Quevedo y Villegas


Ya conocen quienes me tratan mi enorme afición (más bien soy devoto, he de admitirlo) por los versos de don Francisco, "grande en todo", como reza su lápida en la iglesia de san Andrés de Villanueva de los Infantes, que parece que fue su primera tumba, aunque no la última, pues sus pobres huesos sufrieron -en un juego irónico del destino- grandes avatares, yendo a parar (si los científicos actuales no están errados) a una fosa común de la cripta de dicha iglesia. Triste destino el de un hombre grande, al que esta España nuestra que nos duele, como al gran Unamuno, maltrata a menudo. Los mejores hijos de nuestra triste piel de toro son siempre despreciados con estilo bárbaro y cruel. 

Viene este introito a colación porque, sin duda, sus versos de la Epístola satírica y censoria nos resultan hoy muy actuales, al menos a quien esto escribe ahora. Vivimos la época del silencio culpable, de la hipócrita mueca, del llamado lenguaje correcto y suave... Por favor, que los chorizos que pueblan nuestra España no se sientan ofendidos, que los estultos obtengan la ansiada paz, que las mentes biempensantes sean bienaventuradas, todo en aras de lograr la tan ansiada convivencia. Mientras tanto algunos, con las tripas colgando, nos hemos de aliviar en estas pocas líneas, o tal vez en tertulias de café inofensivas, que a nada conducen y nada resuelven, sino solo tal vez canalizar la rabia, el dolor y la ira. 

Vivimos tiempos de incuria falsa, de mendaces axiomas que pretenden confundirnos en la nada; tiempos oscuros de mentiras sin cuento que abarcan todas las dimensiones del orbe. Es tanta la corrección, la educación y la mesura, que a veces uno creee hallarse en un océano melifluo de fragancias dulzonas, sobre todo si ojea (y también si hojea) la mal llamada Prensa. Tras la máscara infame del respeto y la paz se esconden la mentira, la estupidez y el vacío. Por este camino proceloso y brutal llegaremos todos a la ignorancia, que sospecho es el fin que persiguen Ellos, los hombres que pretenden convertirnos en esclavos. Por eso hoy, convencido ya de que el fin del mundo de los mayas en realidad se llevaba gestando unos lustros, deseo para todos paz y felicidad en estas navidades sin pagas extra, sin consumos más allá de nuestras posibilidades; en estas navidades de reformas y austeridad. 


Por unos días, hagámosle una higa al destino infausto, riámonos todos en esta bacanal de luces de colores, de regalos y de sueños. Pero, eso sí, sin perder jamás la rabia consciente, la lucidez y el grito. Podrán quizá recortarnos los sueldos y burlarse de nosotros  en la gran payasada. Pero a algunos, al menos, nos queda la palabra.

La verdad moderna

He dedicado mi vida al estudio de la literatura, que ha sido mi objetivo, mi finalidad, pero también el gran triunfo de mi existencia, porq...