jueves, 27 de diciembre de 2012

VIRTUDES




 Toda su vida fue una niña buena: obedeció a papá y obedeció a mamá; estudió mucho porque así se prepara uno para el futuro y eso es bueno, por supuesto; siguió en todo las normas de la buena sociedad (no apoyar los codos sobre la mesa al comer, no dejar que el chorrito de sopa resbale de la cuchara al plato cuando ésta se acerca a la boca lozana, no hablar nunca de arte, de toros, de cine húngaro, de política económica, de política social; sí en cambio de vestidos de tarde, de noche, de merienda, de visita, de cóctel); llevó una vida austera y recogida: dos veces al mes peluquería, tres a la semana gimnasia relajante, aeróbic y sauna finlandesa, todas las tardes tertulia femenina con las amigas de su madre; tenis los sábados, polo los jueves, visita a los abuelos muy de vez en cuando, vacaciones en la costa o en las islas; hizo lo que de ella se esperaba: sonreír y ser amable, nunca jamás protestar por el caviar, pasear su palmito y su cuerpo perfecto en tertulias y saraos, en reuniones y fiestas, en lugares donde nunca podría ver nada que no fuesen sonrisas.
            Toda su vida fue una buena chica... hasta que  se fugó con aquel camarero del hotel de Estambul que, según cuentan las crónicas, la hizo muy feliz  y le dio para cenar sólo pan y cebolla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La verdad moderna

He dedicado mi vida al estudio de la literatura, que ha sido mi objetivo, mi finalidad, pero también el gran triunfo de mi existencia, porq...