sábado, 12 de abril de 2014

Fragmento de Quevedo

Al lector

La poca ambición de España, bien que sean culpados los ingenios de ella, tienen en manos del olvido las cosas que merecieron más clara voz de la fama; tal fue la ingratitud de sus escritores y el descuido, que pareció desprecio a los extraños, juzgando faltaba que escribir y quien escribiese; y así padeció la reputación de todos y sin duda hubieran // perdido la memoria como la voz si fuera en su mano el olvido como el silencio. Poco lugar dio la edad pasa[da] embarazada en armas a más de curiosos deseos del ocio que hoy alcanzamos, para que, agradecidos y deudores dél, en pago demos a la eternidad los peligros con que nos compraron la paz, amiga de buenas letras. 
Hijo de España, escribo sus glorias, sea el referirlas religiosa lástima de verlas escuras y no a ningunos ojos sea la satisfacción en divulgarlas, pues del trabajo que un estraño pidiera nombre de curioso y docto quiero //  solo el de reconocido y piadoso. 
Bien sé a cuántos contradigo y reconozco los que se han de armar contra mí; mas no fuera yo español si no buscara peligros despreciándolos antes para vencerlos después, y lo haré con estas memorias, que serán las primeras que, desnudas de amor y miedo, se habrán visto sin disculpa de relaciones y historia (si este nombre merece) en que se leerán los ojos y no los oídos del autor. 




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