sábado, 29 de marzo de 2014

El verbo "regular" en la vida política.

regular (Del lat. regulāre).


1. tr. Medir, ajustar o computar algo por comparación o deducción.

2. tr. Ajustar, reglar o poner en orden algo. Regular el tráfico.

3. tr. Ajustar el funcionamiento de un sistema a determinados fines.

4. tr. Determinar las reglas o normas a que debe ajustarse alguien o algo.

5. tr. Econ. reajustar (‖ aumentar o disminuir coyunturalmente). Regular las tarifas, los gastos, la plantilla de empleados.

He aquí las cinco acepciones que determina la R.A.E. para esta palabra, de las cuales la que ahora más nos interesa es la cuarta, aquella que se refiere a las normas y reglas. A ella se refieren, seguramente, las personas que se dicen partidarias de "regular el derecho de manifestación", como ahora se está oyendo en diversos medios. Regularlo de nuevo, deberían haber dicho, pues en realidad el derecho ya tiene sus propias normas, comenzando por la propia Constitución española. Así pues, lo que ellos proponen es que se modifiquen esas regulaciones, que sean cambiadas porque, en el fondo, las que existen no les gustan. 

No parece casual el hecho de que estas cuestiones "espinosas" son planteadas por parte del sector más proclive o partidario del Gobierno de turno. Lo que vale tanto como decir: todos los gobiernos que han de soportar protestas de esta índole intentan desprestigiar, anular de algún modo los posibles mensajes de los contestatarios. Sería muy fácil llamarlos "subversivos" pero, como nos encontramos en un régimen democrático, esto podría sonar demasiado radical, demasiado propio de regímenes dictatoriales. Así pues, en el caso que nos ocupa, el Gobierno español (y algunos medios de comunicación que lo jalean) ha aludido a la violencia que, indudablemente, se ha producido en estas manifestaciones. Se ha generalizado, atribuyendo estas acciones a todos los los convocantes de las mismas, y la responsabilidad de los actos violentos. Aún más: han sido culpados por no haberlos impedido mediante servicios propios de seguridad.

Como en tantas otras ocasiones, se desvía el foco, por así decirlo; se culpa a las personas equivocadas, o se culpa a todos por los desmanes de algunos. De esta manera, se logra el objetivo que se pretendía: hablando de violencia, de destrozos, de agresiones a policías, se impide que hablemos de lo que sucedía unas pocas horas antes: se estaba produciendo una manifestación contra la política del Gobierno.

El fin que se buscaba ha sido cumplido. 

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