martes, 15 de abril de 2014

Los cuentos de Ambrose Bierce



BIERCE, Ambrose, Cuentos negros, Alianza Editorial. 

Otro autor norteamericano: lo descubro estos días en que vuelvo con fuerza al relato corto que nunca debí abandonar del todo. Es toda una revelación, por más que no responda a los cánones mayoritarios aceptados en nuestros días, ni siquiera a mis gustos literarios, decadentes y anticuados (a mucha honra). 

Nacen estos cuentos de la ira y, asimismo, de un sentido exacerbado de la justicia. Los personajes de Bierce (las más de las veces individuos cercanos a la locura y totalmente inmorales) pululan como alimañas, cometen delitos con ausencia total de remordimientos, incluso de la conciencia de haber cometido ni siquiera un error. Podría decirse que estas personas son psicópatas, locos sometidos a la pasión de matar, pero que sin embargo actúan, aparentemente, con una naturalidad y una normalidad que a veces estremecen. De este modo, observamos atónitos cómo el límite o frontera entre lo normal, lo correcto y el crimen es mucho más fino de lo que, a primera vista, podríamos imaginar. Pero hay algo más: estos personajes, con sus enormes delitos, reflejan también una sociedad enferma,. degradada, la vida en San Francisco a finales del siglo XIX. 

Bierce disfraza todo esto bajo la máscara grotesca de la sátira, del humor que más bien es una mueca, pues esconde en realidad una crítica acerva a cuanto Bierce, que fue peridista, observó a su alrededor. Estos cuentos son sátiras crueles y, muchas veces, el horror que esconden queda amortiguado, en cierto modo, por la ironía que los preside. El contraste, pues, es muy llamativo: por una parte, la ignominia del delito, de la inmoralidad; por otra, la alegría de la risa y el aparente goce de vivir que rezuman estos personajes, felicidad que nace de la inconsciencia y de la carencia absoluta de escrúpulos. 

Este es, en efecto, su rasgo más importante: no parecen conscientes de su "problema", de su falta moral porque el delito y el crimen se han convertido en su único modo de ser y de existir. No conocen otra ética que la que viven a diario, en la cual han crecido y han sido "educados". 
Toda una lección para nuestro mundo. 


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