Nuevamente Javier Cercas recurre al mismo "género" o tipo de antinovela que tanto éxito le ha dado: se trata de una historia de no ficción, como él mismo dice, porque se centra en la realidad, en un hecho verdadero. Ya lo hizo en Soldados de Salamina; más aún en Anatomía de un instante, interesante crónica del 23 de febrero.
El impostor es la crónica de una mentira; mejor dicho, es una biografía de un mentiroso, Enric Marco, que pasó su vida fingiendo haber sido superviviente de los campos de concentración nazis, cuando lo cierto es que solo estuvo en la cárcel en la ciudad de Kiel. Se inventó, por decirlo así, su existencia, e incluso dio lecciones de memoria histórica ante el mismísimo Parlamento de la nación...
En un ejercicio metaliterario que ahora parece estar muy de moda, nos cuenta Cercas cómo en un principio no deseaba escribir este libro; y no pude evitar, mientras leía esas páginas, la vaga sensación de que estaba de acuerdo, muy de acuerdo con él. Acaso lo mejor o lo más inteligente habría sido no enviar esta obra a las librerías. Principalmente, porque cuenta la vida de un pobre viejo que se inventó una historia, que mintió sobre su vida, sí, por lo que fue un impostor. Pero nada más. A partir de este hecho monta nuestro escritor toda una reflexión muy sesuda e importante sobre las mentiras, sobre el mundo en que vivimos, sobre su propia labor como autor de unos libros de no ficción cuando lo que desea, en realidad, es escribir novelas, relatos ficticios. Pero esta reflexión no llega a interesarme realmente; no me dice mucho.
Según avanzaba en la lectura del libro, no podía evitar avanzar también en esta idea: "El asunto, el argumento del mismo me parece insustancial o de poca importancia"; no tanta, al menos, como para escribir una obra entera. ¿Que Enric Marco creó la historia de su vida? Como todos, o casi todos, nuestros políticos, periodistas, sociólogos, economistas y otros engañadores profesionales cuando nos dan argumentos para justificar la enorme impostura en la que vivimos y que hemos llamado sociedad moderna. Mentiras peores que las de Marco las escuchamos a diario y por doquier en las noticias, debates, tertulias varias, incluso en el Parlamento, y nadie, creo, se escandaliza ya, tan acostumbrados estamos a o´rilas en estos tiempos.
Es verdad que al autor se le plantea un dilema digamos moral: la propia escritura del libro que leemos le provoca mil dudas. Pero es que ese dilema solo existe en su cabeza. Contar la historia de Enric Marco -se pregunta-, ¿implica necesariamente justificarla? Narrar los hechos de una vida significa también, seguramente, entenderla mejor y comprender sus causas. Pero entender no implica justificar en el sentido moral de la palabra. No debe interpretarse como una justificación.
Es verdad que al autor se le plantea un dilema digamos moral: la propia escritura del libro que leemos le provoca mil dudas. Pero es que ese dilema solo existe en su cabeza. Contar la historia de Enric Marco -se pregunta-, ¿implica necesariamente justificarla? Narrar los hechos de una vida significa también, seguramente, entenderla mejor y comprender sus causas. Pero entender no implica justificar en el sentido moral de la palabra. No debe interpretarse como una justificación.
Pero el caso es que la historia no apasiona en ningún momento, pues el sentido moral que el autor quiere darle en realidad es muy endeble. Mintió, en efecto, Enric Marco, lo que puede interpretarse como una burla a los que realmente sufrieron las torturas de los campos de concentración. ¿Lo es, en realidad? No lo creo, pues tan solo afecta al propio comportamiento del pobre anciano. Aquellos que realmente vivieron el horror de los campos nazis no ganan nada (tampoco lo pierden) con esta historia, que carece por tanto de cualquier valor didáctico: es tan solo la vida de un hombre con demasiado afán de protagonismo. Pues, al fin, se trataba tan solo de eso... Nada importante, pues.




