sábado, 4 de julio de 2015

¿Lenguaje sexista?

Hace unos días, repasando las aportaciones de un grupo de filólogos que tengo el honor de seguir en el Facebook, me encontré con algo que me estremeció. Sí, ya sé que debería estar acostumbrado, que este torpe asunto del sexismo en el lenguaje invade nuestra prensa, nuestra vida política y social e incluso nuestros propios pensamientos. Incluso aquellos que saben del asunto, se meten en camisa de once varas dando lugar, en ocasiones, a discusiones bizantinas basadas simplemente en la ignorancia. Otras veces, quienes desconocen por completo los mecanismos de nuestra lengua se permiten opinar y, lo que es peor, establecer sus reglas, que deben ser seguidas por todos nosotros contraviniendo con ello la propia gramática, cuyas normas eluden bonitamente. 

El ejemplo aducido en este caso superaba con mucho lo que yo había visto. Como es sabido, existe el adjetivo monoparental, aplicado a las familias en las cuales hay un solo progenitor, madre, padre o persona que ejerza esa función. Nada más fácil, ¿verdad? Pues parece que no, a tenor de lo que oímos o tenemos que leer... En los últimos tiempos a algunas personas (que imagino ociosas y asimismo con una desbordante imaginación) han dado en pensar que dicha palabra se ha formado, como así es en efecto, a partir del adjetivo parental y que este se inicia con la letra p porque procede sin duda de la palabra padre... ¡He aquí el desaguisado! Tal vez se haya producido una especie popular de analogía (parental-paternal). El caso es que proponen con gran desparpajo que usemos ahora una nueva palabra: *monomarental [sic] ya que, añaden, en la mayor parte de estas familias es la madre y no el padre quienes está al frente de las mismas. 

"No doy crédito", me dije al ver escrito semejante mamarracho. Pues la cosa procede, en este caso, mucho más de la desidia que del deseo legítimo de defender a las mujeres. Si uno sencillamente se toma la molestia de consultar un diccionario, hallará lo siguiente: parental, del latín parentalis, significa "Perteneciente o relativo a los padres o a los parientes" (el subrayado es mío). A ambos padres***, por favor, o a otros parientes. Por tanto, no hay discriminación hacia la mujer. 

Lo que más preocupa de todo este asunto no es la ignorancia o el error (al fin, nadie está obligado a saber gramática), sino el empeño de algunos en proponer o imponer lo que les venga en gana, guiados tan solo por su santa voluntad, a veces disfrazada de reivindicaciones muy respetables. Del mismo modo que yo, filólogo hispánico, jamás me atrevería a establecer normas legales, científicas o económicas, algunos deberían abstenerse de establecer una "gramática paralela". Al menos, deberían informarse antes de hacerlo. 

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*** El uso del plural masculino inclusivo, es decir, que se refiere tanto al padre como a la madre, podría sin duda ser discutido. No entraré ahora en esa cuestión, pues necesitaría una nueva entrada. Creo firmemente que el asunto ya aburre. 

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